Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Paratextos

Los narradores de la locura

Brújula silenciosa, el cuerpo de la niña insepulta guía el cortejo. Lo cuentan las voces de los animales amuchados en el arca de hierro que Salvatore Onelli puso en la vía del escape. Es que la leyenda siempre la cuentan otras voces. Los protagonistas son incapaces de encajar en el hilo de la historia, porque ya no tienen voz –y tal vez nunca la tuvieron–. Hay algo de héroe en el loco Onelli reconstruido por Leopoldo Brizuela, y todo de relato. Lo dicen las habladurías que son, sin ir más lejos, las Parcas de todos estos locos, tejiendo con lenguaje su destino inevitable de mito, poesía, epopeya.

Viajeros de Alba y Ocaso

Se me hace imposible desligar ciertos lazos que, a la hora de leer, se imponen como un contexto ineludible, como un epígrafe invisible y único que encabeza determinados textos. Tolkien y Lewis, creo, abanderan la lista de matrimonios literarios.  No me interesa ahora entrar en la simbología filosófica ni en su baluarte del relato mitológico y esa combinación inmejorable de paganismo y cristianismo. Me detengo apenas en una observación (porque de eso se trata Bastardillas), sobre los mapas que siempre contienen más territorialidades que superficies.  El creador de Narnia sitúa la Nación de Aslan en el límite oriental del mundo, tras una imponente cortina de agua. En cambio, el autor de la Tierra Media ubica las Tierras Imperecederas en el extremo occidental. Esta diferencia es quizás menos radical de lo que aparenta, pero no puedo dejar de ver en el primero la alusión a un amanecer espiritual siempre postergado, mientras que en el segundo se trata de la melancolía de lo q...

Mujer poliédrica

El la conferencia del 29 de marzo del 83 dada a estudiantes de la Columbio University de Nueva York (texto que en algunas ediciones aparece como nota preliminar), Italo Calvino explica un poco la génesis de Las Ciudades Invisibles. Se refiere a un modo de escribir que lo pone a él, como escritor, a la par del aventurero que toma nota de sus viajes. Apila carpetas con hojas más o menos ordenadas según se ajusten a la etiqueta del lomo. Se parece a una definición forzadamente etimológica de la palabra "leer", asociada a raíces indoeuropeas relacionadas con la cosecha: leer es cosechar. Nuestro viajero va guardando apuntes como si fueran bayas o especias y, al hacer un alto, cuando el frasco o la canasta están saciados, es el momento de ver para qué sirve todo eso. Qué clase de medicina o alimento se obtendrá de tales ingredientes.  Ni por casualidad ni por capricho, Las Ciudades Invisibles encuentran este principio literario. Es que son elementos de catálogo, de boticario...

Desterritorialización

El verso, como organización espacial de las unidades de un poema, es un dispositivo geográfico-auditivo (o no lo es ni de lejos). No es un paratexto. No figura como tal en ninguna taxonomía de marcos del texto. Sin embargo, lo que esta disposición puede lograr con un texto cualquiera merece, al menos, una interpretación lúdica (para esto me hubiera convenido escribir en ingles y valerme de las ambigüedades de los términos play y game ).  Leer Deleuze-Guattari en clave de poesía. Representarlos en verso no es sino otra forma de desterritorializarlos. Un tallerismo, se diría, un entretenimiento estéril. Pero el sexo no se trata de otra cosa. Saltar  de un círculo a otro,  desplazar siempre la escena,  representarla en otra parte,  es la operación histérica  del tramposo como sujeto que responde  a la operación paranoica del déspota  instalado en su centro  de significancia  (Gilles Deleuze y Félix Guattari,...

Siete por tres

La edición de Minotauro de La Naranja Mecánica (6ta ed., 2010) incluye una introducción firmada por el propio autor en noviembre de 1986. La nota consiste en una brevísima monografía de estilo confesional, donde el autor (que ahora respeto más) nos revela con toda sinceridad que su novela apesta. Como paratexto lo veo inmejorable: ...Es altamente probable que sobreviva, mientras que otras obras mías que valoro más muerden el polvo... Después de lamentarse por el deber de continuar publicándola, relata sus desencuentros con el editor norteamericano y las dificultades de interpretación, por la exclusión del capítulo veintiuno en el que el antihéroe completaría su pathos heroico. Me pregunto: ¿Qué hay de lícito en esa intromisión? ¿Qué clase de poder puede tener un autor sobre lo escrito? El mismo hecho de tener que escribir esa introducción, en la que hasta parece disculparse por el uso del lenguaje nadsat, nos da el pie para desautorizarlo.  Ya nada tiene que ver Anthony Bu...

El verano del cohete

Tanto la crónica como el diario o la bitácora son tipos discursivos que solicitan un paratexto en común: la fecha. Este elemento, que finge con mejor imprecisión la ubicación temporal de los sucesos narrados, es al mismo tiempo una señal de irrealidad. Como el insecto que se camufla para darse a conocer, la fecha es verosimilitud. Y no hay nada más inverosímil que la similitud. Crónicas Marcianas se divide en capítulos y fechas, arrojadas con una vaguedad aparente pero que no se despegan de lo que en su siglo fue sinónimo de bisagra y de futuro, el año 2000. Aporta al texto lo que las conjugaciones verbales no le pueden dar: un entorno de misticismo en el que se pueda jugar con la ironía, un territorio temporal (que es atemporal) para desertar de la anticipación científica y la sensatez utópica. Hoy tenemos 2012 en nuestras narices.

Bifurcaciones del paisajista

Con la mueca irónica de quien ofrece alguna pista para disipar un acertijo, Borges impone sus condiciones de lectura. Prólogos sucintos articulados por negaciones y divergencias, tal es el caso de los dos prólogos que vemos en Ficciones, por nombrar un caso que sirva de ejemplo. Salto al laberinto confiando mi integridad e inteligencia a ese huso de Ariadna, como si al resolverlo me volviese más grande, más sabio, más heroico. Y no. Con suerte, ese hilo también fingido me dé lo mismo que el enigma de la esfinge le dio a Edipo: la entrada a un problema mayor e irresoluble.

Mecánica del bucle

El aire epigráfico de los versos que pone JP Donleavy al final de cada uno de sus capítulos es uno de los elementos que funcionan mejor en su narrativa rizada. Son bucles reflexivos que obligan a volver sobre el texto, como lo haría una rampa de ciento ochenta grados que nos devolviera de un salto a recorrer la misma pista pero de cabeza. Pero no creo que este efecto se logre con cualquier frase contundente y condensada, con ningún broche de oro. Hay un préstamo con cierta irreverencia, una perfecta canallada literaria, que es el verso inserto en la prosa, pero ya no como discurso referido (que es como solemos ver presente a la poesía en una novela cualquiera) sino como paratexto. Puesto ahí, después de la última inelegancia o la última línea recta, el verso aparece para desordenarlo todo y enriquecer el contenido porque se trata de otro prisma, de otra lente, de otro filtro.

La mirada oblicua

Concebidos como marcas limítrofes, los colores (o tipografías, depende la edición) en La Historia Interminable de Michael Ende no dejan de ser redundancias. Es que el libro que B.B.B. robó de la tienda de K.K.K., ya aparece pintado en rojo y verde alternativamente. Y al menos tres niveles, como la cámara multiplano de Walt Disney, empiezan a darle al libro la profundidad metaliteraria que reclama su mismo argumento. Pero, como toda marca textual, se queda corta, son dos colores pero tres niveles, que podríamos elevar al cuadrado si representamos al lector del lector, al personaje del personaje y al mismo libro que está en mis manos y en las manos de Bastián. Puesta en abismo, superposición de espejos, o lo que sea. Otros paratextos de esta obra son de similar calibre, las letras capitales que van de la A a la Z, los nombres de los personajes, el Aúryn de la portada. ¿Pero de qué color debería ser la letra de los capítulos en que B.B.B. camina por Fantasía como un demiurgo terrible? ...

Y gran elenco

Muchas editoriales suelen incluir en sus libros un extracto del catálogo. Por lo general, bajo el título de "Otras obras de la colección" o barbaridades semejantes. Se impone como recurso comercial, como anzuelo al final de la carnada. Sin embargo, una vez pasado de moda el catálogo, lo que queda es un sumario de perfectos desconocidos que poco o nada guardan en común con la obra que uno acaba de leer. Es ahí donde me pregunto si sería posible hacer justicia eligiendo mejor las obras que integren esa nómina, si sería viable adornar la contratapa del ejemplar con una buena red de intertextos, un cuadro genealógico, un rizoma literario. Quedará el objeto libro, como le llaman, con ese feo decorado que mezcla nombres contemporáneos como si les hiciera un favor al mostrarlos todos juntos. Pasarán las décadas y el siglo, y esos nombres habrán permanecido involuntariamente desposados.

El camino sigue y sigue

Textos en los que hay una cartografía indispensable que convoca una y otra vez a repasar el recorrido. A anticipar lo que tiene escrito el futuro para nosotros y vivirlo con la idéntica excitación con que se busca un tesoro. Me sustraigo a la línea, al punto de tinta china, al índice y la nomenclatura, a la advertencia, al geograma. El mapa es espacio literario y estructura temporal donde todo sucedió y sucederá cada vez que mi ojo se amolde a sus sinuosidades planas. Alejandra sostuvo su ejemplar de La Comunidad del Anillo con las dos manos, abierto por la contratapa. Me preguntó cómo era posible que yo no tuviera un mapa. Sin la menor delicadeza, pero con indudable ritualidad, arrancó el mapa que estaba pegado al libro y lo puso en mis manos. Ella sabía que no era un producto de imprenta lo que me estaba confiando, sino la geografía misma de la Tierra Media.

Pirueta y pantomima

Entre todos los lectores escritores sobresale Don Miguel de Unamuno, a quien agradezco cada tanto el nombre de este blog, como el mejor paratextista que ha existido jamás. Y es que, si paratextista fuera un término válido, su trabajo consiste en confundir e indefinir, tal como le hace decir a su propio Victor Goti que es quien suscribe el prólogo a Niebla. Unamuno propone un borramiento de los límites entre texto y paratexto, entre autor y personaje, incluso entre lector y autor. Y lo hace desde un lugar seriamente lúdico, abortando las seguridades binarias realidad-ficción, mentira-verdad, seriedad-humor. Es que se puede ser en serio y en broma, dice, y a mi entender se debe. No todo es lo mismo, justamente es la heterogeneidad la que permite indefinir. Confundámonos.

Elogio de lo prescindible

Decir ese libro ya lo leí no es menos necio que decir ya probé el café . Tomar café es una experiencia que exige cierta recurrencia, más si es un buen café. Rayuela se lee y se relee. La primera vez, obedecí al segundo libro propuesto por el escritor que no sabía pronunciar la erre, ese que empieza por el capítulo 73 y acciona la desesperante maquinaria de desarmar un texto. Si bien, sospeché desde el principio que esa era la forma en que el autor quería que yo leyera su novela, hubo al menos una segunda vez en que volví sobre estas páginas para dedicarme exclusivamente a los Capítulos Prescindibles. Éstos son los que tenían el sabor del café y el tabaco al que se quiere volver noche tras noche. Mi ejemplar tiene páginas dobladas, marcas en lápiz y en birome, tachones respetuosos sin fecha que dan cuenta de numerosas y erráticas reaperturas. El capítulo 66 está marcado dos veces. No contento con el primer subrayado en lápiz, me obligué a poner un gran corchete de bic azul dentro de...

Elásticas

Haciéndose eco de la voluntad de Joyce de plagar el Ulises de trampas y tropiezos interpretativos, el editor ordenó ahorrar en pegamento. Lo que se obtiene es el más coherente e irrespetuoso paratexto: un libro frágil cuyas páginas se escurren de mis manos cada vez que intento terminar de entenderlo. Si algún día me toca en suerte perder hojas de este ejemplar que guardo entre bandas elásticas en un lugar estratégico de mi madriguera, espero no olvidarme que en el capítulo cinco se puede leer tremendo párrafo: Disfrutar de un baño ahora: limpio pesebre de agua, fresco barniz, la suave y tibia corriente de agua. Este es mi cuerpo. Entrevió su cuerpo pálido recostado del todo, desnudo, en un útero de calidez, aceitado por un fragante jabón, lavado suavemente. Vio su tronco y extremidades rotondulando y sostenidos, boyando ligeramente hacia arriba, amarillo-limón: su ombligo, capullo de carne: y vio los oscuros rizos enredados de su vello púbico flotando, flotante cabello de la corr...

Escrito en el cuerpo

En el microcosmos del paratexto insospechado gobiernan esas prostitutas mansas también llamadas Fotocopias. Llevan en sus cuerpitos frágiles las marcas resaltadas, antes de luz ultravioleta, ahora un anaranjado viejo, que hacen que un par de versos como estos parezcan lo más importante que se le ha leído a Edmond Jabès. No la ausencia de la voz que el recuerdo puede traicionar sino la de la confesión del gusano al limo feraz. Ellas nunca duermen en la misma estantería que los libros. Suelen quedar hacinadas en cajas de archivo o cajones, aunque siempre bien dispuestas a que la mirada lasciva del estudiante o el licenciado involucre sus cuerpos en una nueva escritura al margen.

Paratextos imprevistos

Comprar un libro usado es también arriesgarse a la historia entre ese objeto y sus lectores. Supone a veces un suceso impensado por autores y editores: los jardines insospechables del paratexto, a saber, el subrayado, las hojas marcadas, las escrituras al margen. Había en mi madriguera un libro que compré usado hace varios años y no había leído hasta ahora. Una antología de cuentos fantásticos de Bioy Casares. El libro estaba impecable, salvo por una sola marca que un lector avivadísimo plasmó en el papel. En el cuento Moscas y Arañas, aparece subrayada con lápiz la siguiente enunciación: -Duerme como una hipócrita. Quien haya sido, en el infinito océano de variables y lectores posibles de este y todos los universos, consiguió condensar en una oración el espíritu del cuento. Vale la pena el borramiento del trabajo del autor, hubo aquí un nuevo autor que lo resignificó y dejó su huella en este objeto que ahora ocupa un lugar privilegiado en mi rizoma editorial. Sólo espero que la H...