Muchas editoriales suelen incluir en sus libros un extracto del catálogo. Por lo general, bajo el título de "Otras obras de la colección" o barbaridades semejantes. Se impone como recurso comercial, como anzuelo al final de la carnada. Sin embargo, una vez pasado de moda el catálogo, lo que queda es un sumario de perfectos desconocidos que poco o nada guardan en común con la obra que uno acaba de leer. Es ahí donde me pregunto si sería posible hacer justicia eligiendo mejor las obras que integren esa nómina, si sería viable adornar la contratapa del ejemplar con una buena red de intertextos, un cuadro genealógico, un rizoma literario.
La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo. No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...
