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Mostrando las entradas etiquetadas como apologias

En otro orden de cosas

También están aquellos a quienes alegran las novedades anacrónicas. Parecen moverse en reductos periféricos, valorando de pronto la emergencia de un objeto que, por pequeño que sea, recupera el encanto de la letra impresa y de la imagen que ocupa un lugar en el espacio. Algo que se toca, que se guarda, que se atesora intruso en la biblioteca.   En Otro Orden de Cosas orienta sus brújulas hacia esas manos que todavía se emocionan al abrir una caja. En su interior habitan imágenes y palabras sin sujeción que, desordenadas pero no caóticas, se reúnen al abrigo sustancial de un cuerpo. Igual que un cofre o un pequeño cajón, como decía Bachelard, pertenece al dominio de los objetos que se abren. Y la única llave es la mirada del lector que penetra en su intimidad para aventurar un sentido nuevo, un orden lúdico y fugaz que conceda a las cosas la sustancia efímera del goce.  www.facebook.com/enotroordendecosas  

Praxinoscópica

Afirmar que todo movimiento es una ilusión no es menos acertado que decir que lo único ilusorio es la estática. Te veo bailar al ritmo lánguido de la expansión del cosmos y todo me sugiere artificialidad. Incluso la neurona ligada a este ojo que te ve procura enderezar tu imagen subvertida. Sin embargo, si hay algo cierto (¿lo habrá?) es la mirada. Es ella la que reúne todos los fotogramas en una sola versión de vos bailando, y es todo lo que quiero creer. El movimiento será, tal vez, ese pacto silencioso entre la mirada y todas las otras dimensiones.

Defensa de los Grambys

Hubo un tiempo en que fui hermoso y que el jabón en polvo estaba compuesto por diminutos duendes verdes y azules llamados Grambys. Estos bichitos amigables, similares a los fantasmas del PacMan pero buenos,  pudieron haberme convidado delicias del bosque destiladas por ellos mismos en sus pequeñísimas aldeas talladas en la corteza de un abeto (Alberto Arboreum).  Pero el tiempo pasa y una ola ciencia ficción de pesadilla parece haber acabado con todos los personajes de orden fantástico o maravilloso, para poner en su lugar dispositivos moleculares horrorosos, genocidas de las manchas, a saber: Micropartículas de Extra Limpieza.  Será que uno siempre quiere volver a los jardines de los hermanos Grimm, pero la Maquinaria imaginada por un mal sueño de Michael Ende va devorando lo que el mundo conservaba de mágico.

difusionalterna

Desde que decidí empezar a publicar mis textos en internet experimenté un alud de sorpresas. Esta suerte de supermadriguera que nos enchufa sistemáticamente a un caudal caótico de basura y datos rizomáticos tiene sus reductos y canalejos amigables. Uno de mis túneles preferidos es el que se abre hacia la difusión independiente. Pequeñas editoriales, revistas diminutas, bitácoras lilliputienses, espacios alternativos para hacer públicos trabajos que hasta hace no mucho tiempo parecían tener que debatirse entre la mecánica del Mercado Editorial y el Olvido Absoluto. Estos espacios alternativos surgen en medio de la cosa, no como centro ni equilibrio, no como justa medida ni como mínimo común múltiplo, sino como tangente necesaria, como rayo disparado, como fuga de gas, falla en el dique, equívoco.  Tengo el placer de haber abierto la ventana para encontrar uno de estos espacios en el grupo Escrituras Indie . A fines del año pasado publicaron una brevísima antología de microensayos...

Puros ambages

Nadie que se haya aventurado a los ambages (a los de César Fernández Moreno, por ejemplo) puede negar su poder condensado, su capacidad proyectiva y creativa. Es que a partir de uno de estos extractos puede nacer una monografía, un ensayo, una tesis de doctorado. Sólo que no les hace falta. El microensayo se despoja del lastre académico, de las citas de autoridad, de los ejemplos esclarecedores, de las hipótesis y redundancias. Pero su contundencia no radica en su brevedad, sino quizás en su potencia de despliegue y refracción. Como si se tratara de origamis invertidos, cuyas alas pueden desplegarse hasta el infinito. No hace mucho descubrí a Alicia Poderti, quien ha sabido labrar en ambages un gran ensayo sobre los discursos culturales. Ver su bibliografía | Descargar Ambages

Negro de pizarra

O la lucidez metonímica Es más bien un despertar a tientas. Ese momento en que lo que estamos leyendo comienza a dibujarse en nuestro espacio imaginario pero todavía no se ha formado del todo. Con ciertos autores experimento una extrañeza agradable, un placer en eso oscuro e indefinido que no ha cobrado su forma transitoria ni definitiva. Esas primeras páginas que no parecen nada, donde no sabemos quién habla ni cuándo nació, ni qué edad tiene ni en qué idioma está hablando con quién. Esas calles sin extras y sin nombre, casas que son tal vez una pared, o un techo solo, partes de muebles y de cosas que apenas aparecen porque son nombradas por una voz que todavía no asumió sexo ni tono de gravedad. Su volumen es el de una hoja apenas desteñida por el tiempo. Quisiera que esta novela no empiece nunca. Que nunca sepa cómo se llama el que acaba de salir a esa calle. Que nada cobre su forma. Que todo sea la inespecífica sugerencia que me incomoda amablemente.

Libro al agua!

Se supone, dice el autor dentro del autor, que nadie lanzaría nunca un libro al agua. "Nadie. Nunca. Jamás." Y el agua, aquello en donde flotan los cuerpos y los papeles, también es un espacio al alcance de cualquiera que se anime a sumergirse, a mojarse como Dante en la orilla estigia. Se rescatan, reescriben o interpretan fragmentos del libro flotante y uno se encuentra ya suspendido: sostenido por la delgadísima y resistente red que enlaza la superficie del mundo líquido. Leonardo Valencia, como Caytran Dölphin, se atrevió a dejarse flotar. (hola, vengo a flotar...)

Escribir según

La escritura se sostiene de las voces de los otros, de los que dijeron y escribieron antes. Cada escritor teje sobre tejido, borda sobre bordado, porque es ante todo un lector pero también es él mismo una trama. Y uno se sorprende y se conmueve al encontrar cosas como esta: Eduardo Berti rescatando en su blog reflexiones de escritores como Lispector, Barnes, Butler, Kraus, Ribeyro, Witman, Joubert, Adorno acerca del acto de escribir. Placer que se lee una y otra vez (enlace)

Otherness (con urgencia)

La O siempre está ahí, molestando como un orificio hueco, como un anillo anular, un círculo redondo. Es la de otro, la de oblicuo, la de orgasmo y la de orto (que es otro al revés). Y así la vemos, orondamente invisible, como el agujero de ozono. La O es el ombligo de Eva y el asterisco de Adán. No hay razón para temerle: sus cosquillas remueven tus vasos sanguíneos y despejan la equis de tus lindos cromosomas. Salvemosla del olvido, del oprobio, del otorrino. La hunden los Ellos, los Elefantes verdes, los Empleados públicos. La O está abierta y esperanzada. Desea que vayas a insolentarte, a faltarle el respeto amorosamente, a darte confianza. Sábados y Domingos de Agosto. Más información en Abre Club de Arte .

Quo Vadis?

Rojo Estambul (ver) Estambul es convergencia. No es fusión, no es crisol ni mezcla. No se ha amasado ahí la cocina de la cultura como tampoco surgió de La Ciudad un producto final, perfecto, universal. Nada de eso. Estambul no es un camino y no es estrictamente un lugar. Estambul es una dirección, un rumbo, una tendencia. Hacia allí concurren delgadísimas líneas imaginarias que nos conducen y atraen constantemente. Son fuerzas de Newton, sensiblemente fuertes, que nos arrojan hacia un punto inexacto del mundo aunque en dirección precisa. Son flechas de niebla, al parecer borrosas, dispersas, pero su certeza es tanta que no hay quien salga ileso de su alcance. Tensa el arco, cruje una bordona colorada y cientos de saetas invisibles ya impactaron. Abre el diafragma, ronca un pulmón rojo y la máquina se mueve imperceptible y constante hacia su centro. Las canciones ya habían comenzado a moverse antes de verme entrar, como un alfombrado viviente que va deslizándose bajo mis pi...

Sabrosas colas de serpiente

O la experiencia cíclica en el mundo chato Su abrazo también es imposible: la serpiente carece de brazos. Sólo le queda, no como única opción, sino más bien como destino fatal, perseguirse a sí misma y autocomplacerse. Saborear su propio cuerpo enroscada en el círculo perfecto a partir del cual el Infinito encontró su forma. El placer de su boca venenosa es también lo indiferenciado; volverse una consigo misma, recurrirse, recomenzarse, y de esa manera, nuestro reptil sin patas, consigue la inmortalidad. Sin dios mediante, sin ídolo y sin verdad última, la serpiente se basta por sí sola para ser infinita, para ser completa. Dirán sus detractores que el veneno en su dentadura fue puesto ahí por el Demiurgo –aquél cínico omnipotente–, con el único fin de que, al encontrar el placer de lo eterno, la propia serpiente se envenene a sí misma y muera. ¡Pero morirá eterna! Dirán sus espléndidos defensores. Yo, por mi parte, ni acusador ni abogado, sostengo que no morirá. Y que aunque sus...

Anamórfosis

El ejercicio de mirar sesgadamente Ciertas imágenes suponen un ángulo específico de nuestra mirada para que la refracción oblicua de los rayos de luz imprima en la retina del observador un rostro enigmático, una forma novedosa, un terror incomprensible. Así es que entidades abstractas o concretas habitan en el sesgo del aire esperando, sin torcer la mueca, a ser rescatadas del letargo por aquél que incurra en el rincón preciso, en el grado angular desde el cual la dimensión etérea se despliega como un libro que esconde maquetas de cartón. Pero estos modelos tienen vida y movimiento, ocupan su porción de tiempo y de espacio relativos, y ejercen su condición de presa ante el ojo sagaz de nuestro desengarabintintangulador predilecto. Forma de las formas, la anamorfosis es tanto un camuflaje como un mensaje cifrado, y el espectador aguzado es tanto un cazador como un criptólogo que en sus tareas de espionaje descifrará el misterio. Para su asombro, la forma cifrada tiene su forma… y ha...