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La mirada oblicua

Concebidos como marcas limítrofes, los colores (o tipografías, depende la edición) en La Historia Interminable de Michael Ende no dejan de ser redundancias. Es que el libro que B.B.B. robó de la tienda de K.K.K., ya aparece pintado en rojo y verde alternativamente. Y al menos tres niveles, como la cámara multiplano de Walt Disney, empiezan a darle al libro la profundidad metaliteraria que reclama su mismo argumento. Pero, como toda marca textual, se queda corta, son dos colores pero tres niveles, que podríamos elevar al cuadrado si representamos al lector del lector, al personaje del personaje y al mismo libro que está en mis manos y en las manos de Bastián. Puesta en abismo, superposición de espejos, o lo que sea.
Otros paratextos de esta obra son de similar calibre, las letras capitales que van de la A a la Z, los nombres de los personajes, el Aúryn de la portada. ¿Pero de qué color debería ser la letra de los capítulos en que B.B.B. camina por Fantasía como un demiurgo terrible?
Tengo la sensación de que alguien lee mis pasos bicolor. De algún modo, solo puedo ver a Bastián como él ve a Atreyu, un poco por encima del hombro, más chiquito y más abajo que yo. Como si lo sobrevolara.
A veces, cuando el sol pega oblicuo en la vereda, creo ver la sombra de un lector coloreándose en diagonal a la mía. Varias veces volví la vista hacia el sol, sin conseguir más que un golpe repentino de ceguera o deslumbramiento.

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La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

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