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Paratextos imprevistos

Comprar un libro usado es también arriesgarse a la historia entre ese objeto y sus lectores. Supone a veces un suceso impensado por autores y editores: los jardines insospechables del paratexto, a saber, el subrayado, las hojas marcadas, las escrituras al margen. Había en mi madriguera un libro que compré usado hace varios años y no había leído hasta ahora. Una antología de cuentos fantásticos de Bioy Casares. El libro estaba impecable, salvo por una sola marca que un lector avivadísimo plasmó en el papel. En el cuento Moscas y Arañas, aparece subrayada con lápiz la siguiente enunciación:
-Duerme como una hipócrita.
Quien haya sido, en el infinito océano de variables y lectores posibles de este y todos los universos, consiguió condensar en una oración el espíritu del cuento. Vale la pena el borramiento del trabajo del autor, hubo aquí un nuevo autor que lo resignificó y dejó su huella en este objeto que ahora ocupa un lugar privilegiado en mi rizoma editorial. Sólo espero que la Historia lo recuerde como un Bioy tangente, como una de sus versiones, tan verdadera como anónima.

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇