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Mostrando las entradas etiquetadas como Apuntes de Medicina

TOC

El problema parece estar del lado del mensajero. El comunicador que vuela de una neurona a otra buscando su goce y encuentra que no hay mejor placer que viajar absurdamente. Se siente poseedor de una verdad que escapa a la mayoría de sus pares: “se hace camino al andar”. Por eso viaja por espacios prolongados, buscando el modo de demostrar que nada tiene sentido, que la repetición es un negocio acertado, y que es mejor coexistir con el patrón que aventurarse al fracaso inevitable de la anarquía.  Está claro –lo dicen los manuales en los que constan las cosas claras– que no hay nada que no sea hereditario. Lo sospechaba la Mitología mucho antes de que existiera la excusa del genoma. Por mi parte, sé que he heredado las más exquisitas aberraciones. Y en lo que me toca como padre, tal vez me avergüence un poco de sentirme satisfecho por haberle transmitido a mi hijo el defecto de sufrir aparatosamente cualquier tipo de asimetría.

Muela de juicio

Es un arcaísmo, como toda legislatura, pero se le dice así al tercer molar. Y esto es porque la muela, como el juicio, emerge al promediar la adolescencia. Frente al juicio flamante, al entendimiento de estreno, las autoridades recomiendan su extracción en la mayoría de los casos.  Se quita lo que duele, lo que no encaja, lo que viene torcido, lo que llega tarde y así nos conformamos con dos molares por cuadrante hasta que las caries logren agenciárselos definitivamente.  Pero ahí donde el discernimiento joven había crecido de manera oblicua, ahora hay un hueco. Y como en todo agujero, ahí habita un fantasma. Intento chupar su ectoplasma con la parte más incómoda de mi lengua, con la más inmóvil, con la más escasa de papilas gustativas, sólo por la nostalgia de una sensatez perdida.

Bruxismo

No se dañan tanto los dientes mordiendo un hueso, como cuando intentan contra toda esperanza deshacer la estructura inmortal que sostiene la existencia. Masticar la nada es un esfuerzo desmedido. Más allá de los límites de la resistencia física. Se quiebran los esmaltes, se desplantan las raíces, se luxan los huesos, se lesionan músculos y articulaciones. Todo en función de tragarse los significados, soluciones nutrientes para cada uno de mis problemas.  Hay que comer. Devorarse el mundo. Devenir Pac Man: cuando no haya más que comer, se sube de nivel y el laberinto vuelve a llenarse de puntos blancos. Comer en serio, todo, con tal de no ponerse a desmenuzar la nada; con tal de no romperse las muelas tratando de asimilar el absurdo. 

Angina de pecho

Un padre hipertenso engendra un hijo híper tenso. Algo coherente con el narcisismo hereditario. No es cuestión de genética, esa ciencia de lo inevitable que traza árboles familiares para cada patología.  Sospecho que es en lo falible de la ciencia donde habita lo posible. Ahí donde intenso e intencionado suenan igual. Pero no todo está perdido. Poner al lenguaje a desactivar dispositivos es un acto de desobediencia genética, a la vez que sugiere un ejercicio de libertad plena.   Condicionado a aparentar una erección perpetua, adopto un camino huérfano, el de la languidez. Me vuelvo permeable, esponja, lengua, y la sangre corre. El(h)ijo no morir en un ataque de hipo, ni de inflexibilidad Que mi muerte ocurra en un fluir apacible, dejándote correr adonde se te antoje.

Humor Vítreo

Cataratas en los ojos. Otro signo inequívoco de nuestra condición espacial y geográfica. Supone un deslumbramiento, una pérdida de transparencia y un barrido de las tonalidades hacia el color amarillo. Al mismo tiempo, denota caudales y desniveles.    Mirar es hacer entrar luz por los agujeros más altos de la cara. Volverse recipiente, como siempre, de todo lo que puedan acaparar esas esferas adheridas a un manojo de nervios.  Pero un accidente geográfico, un desnivel territorial, ha producido en mí un humor caudaloso. Cae formando esta cortina que protege la caverna. Ahí me refugio de las luces exteriores, del borde de las cosas, de la nitidez exacerbada. Recurro al borramiento, al impresionismo, me pongo bizco y estoy a salvo de lo otro.   Aunque a veces (muchas veces) quisiera comprobar que existen delgadas líneas negras bordeando la geometría de las cosas, como en un dibujo animado. Por momentos necesito trazos gruesos, como la piel de Vilma Picap...