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Mostrando las entradas etiquetadas como microensayos

Del agua vienes, al agua vas

Tal vez no sea tan acertado decir el arma del poeta es la palabra, cuando es su mirada lo que hace de él un sujeto extraordinario. Con ojo de pez, Pablo Schipani mira a las mujeres y les habla echando burbujas que no pueden sino elevarse al horizonte vertical. "Mujeres Sumergidas" es su mirada dirigida a esos personajes femeninos en cuya muerte está implicada alguna forma de inmersión. Desde Alfonsina Storni hasta Eva Duarte embalsamada, todas sometieron sus cuerpos al elemento más abundante del planeta, ese del que brotó la vida, sumergiéndose en un bucle que une la boca a la cola de la serpiente. El ojo del poeta asiste entonces al evento que las inmortaliza. ¿O será su mirada creadora lo que encuentra un principio en el final? Sea como sea, cuando todo es occidente, la poesía inventa lo inmortal.

Como si nada

Sternberg / Cuentos Glaciales Parece un mundo (o mejor, trescientos mundos) concebidos por una burocracia siniestra de resonancias kafkianas. La arquitectura implacable me confronta con el espejo que no quiero ver: absurda la supervivencia, absurda la muerte. Queda en mí, lector prevenido (aunque muy a mi pesar), asistir a este quiebre, al giro propio del microrrelato que debe asemejarse más al tiro por la culata que al impacto preciso de un francotirador. Y digo “debe” porque así me lo exige Sternberg, en cada golpe de punto final, luego de una escueta sucesión de oraciones, provoca la mueca inevitable del accidente. Es que, en presencia de un espejo glacial, todo reflejo parece herirnos de hielo.

El continuo leporino

Aira / La liebre Solo resta esperar misceláneas liebres superpuestas. Como para el políglota y naturalista Clarke, lo leporino será lo bífido, lo geminado, lo repetido. Dos reflejos enfrentados bastan para lo múltiple y así se enjendran, rizomáticas, la Aventura y la Historia. El paisaje también es signo y, parafraseando al cacique voroga, su garantía no está en su referencia a un sentido sino en el lugar que ocupa en una red. Y así cada pampa, como cada indio y cada liebre, son inmunes al rayo X de la metáfora y libres de cambiar en reduplicación continua hacia el vórtice invertido del que salieron: un horizonte legible que nos atrae irremediablemente a producir lecturas.

Noche moebiana

Murakami / After Dark Damos la bienvenida al ojo. Al punto voyeurista que sobrevuela y socava, intangible como un espectro, todo el hormiguero que ha construido Murakami para nosotros. Pasadas las horas del día, empieza el incierto paseo nocturno. Mari traza un arco desde el pie de la noche hasta el amanecer, confundiendo de la mejor manera los lados de la cinta. La oscuridad abre este camino, o mejor: deja caber las posibilidades. Estar de un lado o del otro (de la habitación, de la pantalla, del relato, del ojo observador) ya no depende de nosotros ni de ella, sino de una voluntad caprichosa y sin nombre. Obedeciendo a sus designios es que entramos y salimos del texto con la sensación de que ha pasado nada y muchas cosas, y el presentimiento de que tal vez sea posible aparecer de pronto en otro lado. Tal vez no haya sino lados posibles enredandose entre sí como la cinta en el pasacaset de mi auto.

Acertijos en la oscuridad

Tolkien / El Hobbit Completando el primer tercio del viaje, el mapa nos devuelve el episodio inolvidable en que nuestro Hobbit compite con Gollum en un certamen de acertijos. El resultado es una imagen profundamente plástica: sobre un fondo negro, dos cosas brillan tenues, una hoja de Gondolin y los ojos verduscos de la criatura; dos deseos compiten, la necesidad de retomar el camino, y el hambre despierto; dos realidades se reflejan en el material de la confrontación, el placer de la comida y las cosas buenas que propone Bilbo, frente a los elementos oscuros que plantea Gollum.  El procedimiento tolkieniano que se repetirá en toda su obra como un patrón, como la proporción de la que están construidas todas las cosas. Es su ladrillito Lego, con el que puso un mundo en pie y otro mundo de rodillas. "El pobre Bilbo sentado en la oscuridad pensó en todos los horribles nombres de gigantes y obros que alguna vez había oído en cuentos, pero ninguno hacía todas esas cosas. Tenía el ...

Velas azules sobre el mar muerto

Bradbury / Crónicas marcianas Algo ha terminado de quebrarse como al crujir de los pasitos de unos niños que juegan a chapalear entre cadáveres secos como si lo hicieran sobre hojas otoñales. Marte es tierra desierta. Lo lamentan los mares de arena y las ciudades muertas con un quejido mudo. Lo saben los fantasmas telepáticos. La cultura es la huella que dejé en la arena antes de que el viento la deshaga. Marte es elegía y soledad. Bradbury no quiso que fuera la utópica órbita en la que resplandecen héroes y villanos. La rapsodia marciana es un suspiro apagándose, un réquiem de todo lo que muere y puede morir. Al cerrar el libro, el intruso extravía la mirada en un horizonte ficticio. Sabe que también terminarán en Marte algunos de sus sueños. Si no todos.

Valiente nuevo mundo

Huxley / Un mundo feliz Historia y Literatura son tabú en el mundo del tótem mecanizado. Donde el cuerpo social es un autómata que repite incansablemente un presente sin frutos ni raíces, ni siquiera el tramado errático de un rizoma. Para Huxley, el futuro es un presente necio. Donde decir padre resulta tan escatológico como la historia de la palabra, o decir madre evoca la obscenidad de la historia del cuerpo. Ese es el mundo valiente ironizado, donde no hay nada a qué atreverse y el deseo es abolido, porque la falta es abolida. Como en toda gran antiutopía, reconozco lugares que habré habitado, voces que creo recordar de otras formas de hipnopedia, tabúes y malas palabras que me fueron dadas subrepticiamente, en forma de goteo incesante bajo la almohada. ¡Ford! Y la recalcada matriz de su modelo T.

Otro vaso de bazofia

Toole / La conjura de los necios El mamarracho impone una especie de incomodidad productiva. El artista esperpéntico parece haberse atrofiado en esa forma de mirar. Mayormente es fingido, pero aterra su ojo prismático como si se tratara de una anamórfosis monstruosa. Lo que hay de expresionista en el grotesco es ese abovedamiento, la caricatura que ejerce su poder despectivo y, a través de él, como Ignatius Reilly sospecha, invierte la propia conspiración logrando que todo parezca obstinado en torcerme a mí, en quebrantar mi geometría y mi teología. Me provoca una tortícolis contagiosa, una mueca a mitad de camino entre la risa y el estornudo. Caballero mongoloide, ha escrito usted (sin cuidado) una auténtica distonía.

Falacia del espantapájaros

Aira / Varamo Nuestro poeta es material mitomaníaco. Y Basta con insinuar la chispa para que la dinamita explote. Como si decir "fuego!" fuese en verdad lo que acciona todos los gatillos al unísono. De esto también trata Varamo: hacer decir . No como dicotomía, sino como construcción. Y lo mejor de César Aira está en el desocultamiento de los procesos narrativos, el andamiaje es mampostería e infraestructura, decora y sostiene. Como la palabra, como la literatura. Por eso tiene que ser un poeta y no un novelista, porque es en la poesía donde la palabra adquiere esa impostura arquitectónica y no necesita disfrazarse de otros modos discursivos.

No ser eso: Fairy Tale

Donleavy / Cuento de hadas en Nueva York Tal vez también soy narrador de este cuento desde el que otro narrador me habla de un tal Cornelius Christian y de sí mismo como si constituyesen un único relato. Así escribe Donleavy, alternando primera y tercera persona, y lo que consigue (para espanto de académicos y talleres literarios) una prosa más que fluida, en la que soy invitado a perderme lector, a confundirme hasta sexualmente entre estos personajes acidulantes y americanos. Cornelius se pasea entre paisajes de lo más infrecuentes con total naturalidad. Infrecuentes para cualquier lector que no sea neoyorquino, boxeador amateur, irlandés y/o maquillador de muertos. Y el autor consigue desencriptar ese mundo con una fórmula sencilla aunque no rudimentaria: “nada importa demasiado”. Ni yo que soy narrado y narrativo, ni él que es relato y relativo.

Mascarada

Rice / Entrevista con un vampiro Si no es este detalle lo que rescata a Anne Rice del olvido absoluto, no veo qué otro elemento la salve. Nada es nuevo fuera de la voz de cada narrador. Las mismas historias se han contado siempre y se seguirán contando. Pero cada voz nueva puede volver novedoso un relato conocido. Me refiero al teatro en el que los vampiros se disfrazan de actores que hacen de vampiros y fingen alimentarse mientras se alimentan en serio. Máscara sobre máscara sobre máscara, un efecto bien logrado en las crónicas vampíricas, si no el único efecto alcanzado. La envidio, sinceramente, como narrador neonato. Requiere ejercicio de pliegue y despliegue, que es la mejor manera de dejar una marca en el papel.

Mito efímero

Fogwill / Los pichiciegos Una comunidad que apenas resplandeció en la madriguera y su horizonte neblinoso. No hay pasado común ni individual, no hay futuro colectivo: están puestos ahí para sobrevivir y morir. Pugnan identidad pasajera (doble y simbólica, con su correlato aquí afuera, donde el lector hace pie), y comunidad salvaje (duró lo que duró esa guerra y se esfumó). Guiados por el miedo, convertidos en sombras dentro de las sombras. Fantasmas reales, ecos en una grabación desgrabada. Fogwill construye así una leyenda fugaz, y simultáneamente moldea el propio Fogwill mítico, que nace al apagarse el fósforo azulado de sus pichiciegos.

Metáfora imposible

Carroll / Alicia a través del espejo  Como un paisaje imposible, el revés del espejo es un laberinto del sentido. Cara o cara, la moneda siempre caerá del lado del lenguaje. Tálpidos tercos quienes buscaron resultados, sentidos únicos, significados, sin poder atravesar el espejo de Alicia por miedo a quedar despojados, solos, abismados. Pero hay que caer. Es requisito caer hacia adentro, a lo indeterminado, al desterritorio. El autor me guiña un ojo tuerto al proponer un tablero organizado, un índice enigmático, una carrera de ajedrez donde sus piezas, como máscaras cóncavas son lo mismo del derecho y del revés: (valga el asíndeton, y siga valiendo) Reina roja, Reina blanca, Caballero, Jabberwocky, Reina Alicia..

Ver o no ver, he ahí el dilema

Wells / El país de los ciegos Como un Gulliver sudamericano, Núñez desciende a nuestra aldea con su ciencia torpe y su cuento de un mundo horrible en el que los hombres ven. El país de los ciegos tiene la forma de una marmita. Sus habitantes, que duermen al abrigo del sol, gozan como si vivieran en un útero descomunal. Y Núñez, con mi envidia enajenada, no sufre su imposibilidad social ni amorosa sino que sufre no poder imponerse monarca de ignorantes. Así es como su breve aventura entre los invidentes no hizo más que reafirmar sus certezas estéticas y científicas, y en la disyuntiva entre perder sus ojos o su capricho, no se anima a preguntarse quién bajará a Bogotá de las montañas que no vemos para alucinar sentidos increíbles.

Somewhere in time

Borges / El Aleph En el afiche, Darín fuma un Jockey y el tiempo pasa para Borges. A nadie le importa la ausencia que hasta él mismo transformará en olvido. Pero al bajar al sótano fantástico, a ese abismo de infinitas confluencias, el autor ya se sabe fingido y, por lo tanto, todo lo que lo rodea lo será. Si el falso Borges caricaturizado por Borges juzgó falso al Aleph que le estaba mostrando sus propios glóbulos disiparse por sus arterias, fue porque no vio en el vórtice su único deseo, refractado en infinitos deseos idénticos. Quería ver al mundo detenerse, una huelga perpetua de publicistas, un culto a su Beatrice inmortal, un reloj de arena con tapón, un poema inmóvil. Y quizás lo consiguiera superponiendo ficciones. Hueco sobre hueco sobre hueco hasta el infinito inabordable. Ser el Dante apoteótico en el extremo final del ovillo de Ariadna, o incluso el mismo Borges que leo, abismo sobre abismo simulado.

Hacer realidad

Carver / Tres Rosas Amarillas Leo realismo en la tapa, en la solapa, en la biografía de su autor y lo pienso como una torpe nomenclatura. El texto trata de cuidar por todos los medios la forma en que fueron dichos los hechos. Cuando la realidad no se plasma sino que se construye. Se forma con relatos. No es que el cuidado de Carver en las citas y la austeridad de las descripciones reflejen la realidad, por el contrario: generan realidad, como conglomerado de textos, construyen a partir de las formas del relato, incluso de esas formas elididas de las que se alimenta el minimalismo. Publicado en La Comunidad Inconfesable Nº 19 (Enlace)

Provócame

Nin / La mujer en las dunas El relato también se sostiene en la falta. En esta pieza de sus Pajaritos, el insomne tiene dos experiencias extraordinarias durante su incorregible excitación. Por un lado, es testigo del goce ajeno (la nariz contra el vidrio); y por el otro, conoce la deliciosa aparición de esta mujer casi surgida de su ferviente imaginario. Es con ella con quien el relato se convierte en la fuerza opositora necesaria para la satisfacción sexual o literaria. Es la otra. Que a su vez narra una nueva historia en la que vida y muerte copulan. Publicado en La Comunidad Inconfesable Nº 17 (Enlace)

A una nariz pegado

Süskind / El Perfume Una perfecta apología del monstruo (como mostración, señalación y extracto al mismo tiempo) se construye apelando al deseo intrínseco y visceral que nos habita. La obsesión de Grenouille se nos hace genuina y también la anhelamos. El procedimiento de Süskind es exquisito y simple como un buen perfume, ya que todo en el relato huele porque todo en el mundo huele. Y si todo lo que hay en el mundo es efímero y muere, también los olores. Entonces la ansiedad de este monstruo ya no nos parece pecado si lo que busca infatigablemente es la supervivencia del mundo sensible.

Dr J. y los múltiples escondidos

Stevenson / El extraño caso del Dr Jekyll y Mr. Hyde Al menos se anima a decir nuestro Jekyll que la duplicidad es una primera instancia de lo múltiple. El doctor es, sabemos, doble. También su casa, mitad residencia, mitad laboratorio. La misma Londres, dividida entre las actividades diurnas y nocturnas, los barrios bajos y los residenciales, el centro y el suburbio, la sociedad burguesa y los homeless . El claroscuro, aludido continuamente por el narrador, es una clara muestra de lo que Stevenson está denunciando y que pone en boca de Jekyll como una guerra encarnizada entre las dos naturalezas del hombre. Pero el doctor avanza donde el autor ya no hace pie. Admite sus límites pero sospecha fronteras más amplias: “y aventuro la profecía de que el hombre será reconocido al cabo como una nueva comunidad de múltiples ciudadanos independientes y heterogéneos” (Op.Cit.)

Más instrucciones

Cortázar / Para escuchar con audífonos (leer fragmento) Leemos la sorpresa o la fascinación de Cortázar describiendo el mecanismo inconcebible en términos no científicos a través del cual el cuarteto de Bartok sufre sucesivas metamorfosis (o cambios de estado, como el agua) para llegar al vinilo, al diamante, al audífono. Nos sonreimos como si estuviésemos ante una anécdota infantil (mirá lo que le sorprendía al tipo que no llegó a ver ni siquiera el cd), como si no fuese más mágico el surco mecánico del vinilo que el clúster digital o las memorias blandas. Incluso, nos simpatiza imaginar al escritor que no sabía decir la erre enredado en los cables de sus auriculares conectados directamente al combinado (en realidad llegó a ver los walkman y los cassettes). Pero el silencio del mp3 sigue siendo tan fosforescente como el del primer audífono. La burbuja afecta a más gente y más gente asiste a convenciones de burbujas que hablan con señas entre sí, que gritan porque no se oyen, qu...