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Mostrando las entradas etiquetadas como NonSequitur

Telarañas

Trampa perfecta, la telaraña es a la vez tela y araña, es artefacto y artífice. La palabra es, también, única en su clase, porque no existen en español términos como *mordidalobo o *venenovívora , ni siquiera en el terreno mítico, donde podríamos tener *cantosirena o, mejor aún, *laberintoro . El lenguaje se reserva, cada tanto, el derecho de generar una palabra excepcional que sea capaz de escenificar un microcosmos.  La tejedora diseña su mandala indistinguible de ella misma, quizás consciente de que está representando el macrocosmos como una continuidad entre el artista y su obra. Mientras vive, la araña sabe que su dispositivo multiplica el alcance de sus ocho manos, y puede comer cada vez que algún incauto se enreda en el entramado.  Pero aunque la trampa esté ligada a su creadora, al morir la arquitecta su construcción no dejará de ser efectiva. Permanecerá inconmovible hasta que atrape algo lo suficientemente grande como para justificar su desaparición del ...

Sistemas de posicionamiento

Según parece, la cosa está en tomar posiciones, igual que en un juego de tablero, y asumir si uno compite desde el centro o desde la periferia. Lo mismo se aplica tanto a los poetas de vanguardia como a las aves migratorias.  Al ornitólogo alemán Wolfgang Wiltshko no le interesaba mucho la poesía, por eso dedicó su vida al estudio de esos otros seres alados, más pequeños y maleables. Cada mañana se preguntaba, como si fuese lo único importante, cómo hacían para orientarse los pájaros durante sus períodos migratorios. Después de numerosas investigaciones, contando una interminable lista de disecciones, llegó a la conclusión de que ciertos pajarracos vienen dotados de cristales de magnetita en sus cerebros, lo que les proporciona una suerte de brújula natural, la capacidad de seguir el curso de campos magnéticos. La Academia de Ornitología aplaudió este descubrimiento y hoy por hoy Wiltshko se vanagloria de haber visto su rostro regordete dibujado junto al petirrojo europeo ...

Nintendo (O las verdes ideas incoloras)

La ciencia cognitiva nos devuelve al binomio alma-cuerpo. Reciclamos el concepto ;y actualizamos la terminolgía. La mente es el software. El cerebro es hardware. Quizás de puro supersticioso, en un querido sarcófago de cartón, guardo el cadáver verde y brillante de un cartucho de Nintendo. Su morfología no permite descifrar qué clase de espíritu la habitaba. No hay nada en esos senderos dorados que recuerde al plomero italiano de mostacho oscuro que comía hongos para crecer y flores para ser indestructible. Ese cuerpo quieto no se le parece en nada. La vida está del lado del que ve, nunca en la cosa. Quien lea hoy o mañana este acertijo seguramente participe de la misma maravilla.  

Rhythm & Blues

Aquiles y el rey David eran cantores. Es decir, poseían facultades y entrenamiento mnemotécnico. O también, viéndolo de otro modo, eran dueños de un saber rítmico, conscientes de que el ritmo es la memoria de la Naturaleza. Héroes del tiempo de la oralidad primaria, tan conjetural como los dinosaurios, se hicieron eco, ritmo espacial, reverberancia. El dinosaurio me mira. Su cara de fósil mineral se tuerce en una mueca de desprecio. –¿Conjetural? Me esfuerzo en reconstruir una imagen poética de la era Mezozoica, cosa que el falso reptil interpreta como una absoluta falta de fe. –A las pruebas científicas me remito. Y yo, hablando de David y Aquiles para un muñeco de piedra con forma de dragón, intento abarcar el sentido rítmico de la transmisión. La molécula como un compás. Me refiero a los patrones, quiero decir, a los jefes. El dinosaurio, aunque es pura mandíbula, no entiende de oralidad. Y el dinosaurio está ahí. Todavía.

Gallito fósil

No se puede domesticar un monstruo. La literatura y el cine alimentan la morbosa fantasía de la Bella capturando el corazón de la Bestia, convirtiéndolo en un príncipe desesperado. Pero el engendro, en pleno ejercicio de su legítima defensa, no puede dejar de ser atroz.  La calavera ovalada del tiranosaurio parece mirar por los agujeros donde pudo haber ojos de gallo, pestañeando atentos a cada movimiento de sus presas. El pico, infestado de dientes, me sonríe.  “Sé que no sos una gallina”, intento decirle para que vuelva a sentirse monstruoso. Aunque el Estado se afane en demostrar que no hay nada que temer, que el animal es un servidor público, un pollo manso que me saluda arqueando la cresta roja.  Su pisada tríptica es la misma que hace sesenta y siete millones de años. Y sigue pisando para reproducirse. En el corral o suelto en el campo, picoteando maíz con cara de hipócrita, no deja de parecerme aberrante. Es una criatura al servicio de todo lo que desprecio en e...

Bastardilla transdimensional

Calificar a la criptozoología como la ciencia con menos margen de error no sería más desopilante que decir que es la ciencia del equívoco. Incluso uno puede llegar a enunciar ambas aseveraciones sin contradecirse. Se trata, entonces, de una forma de ver. Lo cual la diferencia de las demás ciencias. No tiene sentido entrar en dicotomías como razón y fantasía, o cartesianismo y spielbergismo. Mejor todavía, entender que la concepción de universos ocultos y animales fantásticos supone casi la supresión de la duda en una lógica simple de formular: si hay lugar a dudas, hay lugar . Cosa que contrasta con la otra fórmula conocida: no hay lugar a dudas de lo que hay .  Según esta ciencia que cada día me sorprende más, existe un insecto interdimensional, que solo puede ser visto cuando está en plena metamorfosis y es capturado por una fotografía. Le llaman Rod y es similar a una vara con aletas como tirabuzón y suele aparecerse blanco y brillante saltando de un fotograma a otro. Otras...

La danza intermitente

Mientras espera que sus pulmones intangibles se llenen de aire o de esperanza, cierra los múltiples ojos y trae a su mentecita el recuerdo de aquél ritual de apareamiento que la había deslumbrado. Gozaba de sus movimientos, de su vuelo oscilante, del zumbido excitado, como si de eso se tratase existir. Ya recuperado su aliento, agitará cada músculo de su cuerpo para librarse del encordado viscoso en el que quedó atrapada hace un día –o una vida–. Se esfuerza, zumba, chilla descontrolada hasta vaciarse otra vez de energía. Al ver que se acercan los ocho muslos peludos, toma aliento lentamente. Y es difícil precisar si lo hace para un nuevo intento de escape o para recordar en paz la danza que todavía le llena el pecho de vida.

Noemí

A Maulera di Guapa De chico imaginé al noemí adentrándose trabajosamente en su madriguera. Era seguramente un agujero hecho a fuerza de apretujones y roces de hombros contra tierra, rizos duros contra guijarros. Levantó la cabeza y me vio antes de sumergirse como si la tierra fuese un caparazón inmenso y todo su cuerpo la cabeza de una tortuga con dientes de roedor. Porque un noemí es un roedor, sin duda, un poco más chico que el carpincho pero más grande que un cuis. En un estado entre contemplativo y rapaz, despejé de hojas secas el suelo y me senté a observarlo con más cuidado. Abrí mi cuadernillo de entomólogo y escribí NOEMI en la cabecera de la hoja, junto al dibujo del Escarabajo de la Mierda. Dibujé con carbonilla un arco de rulos, un par de ojos, una nariz y una boca pintada. Tus hombros como de estatua, brillantes de mármol, tus tetas que me miran (con pezones que apuntalan) como si yo fuese la presa que trata de ocultarse entre las paredes de la tierra estrecha. Dibuj...

La vida moderna

Obedeciendo a una costumbre milenaria, el buen iniciado en las artes de Tsu echa mano a la albañilería para levantar un monolito chato y largo en honor a su más célebre enemigo. De esta manera el espejo cóncavo de su tocateur quedará dividido en dos hemistiquios paralelos. Pero una ley más arcaica gobierna su neurona: y es que el reflejo nunca puede diferir del objeto. Por lo tanto, afirmado en el principio más absoluto de la mímesis, el joven iniciado atravesará su propio cuerpo con el muro de ladrillos hasta ser la exacta imagen de su otro en el espejo. Publicada en el número I del Heraldo de Tabarís, Ene 2009

Memoria de los átomos finitos

U olvido de los átomos finitos El día que Heráclito se bañó por segunda vez en el mismo río (mil y un años después de haber acuñado su célebre frase) sintió una necesidad irrefrenable de dejar por escrito su experiencia a fin de que mil y un años más tarde, al bañarse por tercera vez en ese río idéntico, la sorpresa no lo asaltara tan abruptamente y pudiera así por primera vez disfrutar de un baño plácido. La urgencia con la que corrió a buscar una piedra lisa sobre la cual inscribir su descubrimiento le hizo olvidar todo pudor y todo frío, y salió desnudo corriendo por todo el bosque hasta que encontró una espléndida superficie en piedra caliza. Tomó una punta de lanza y escribió "Pitágoras tenía razón". Del otro lado del mundo, aunque en un tiempo impreciso, un Zoroastro pulcro y perfumado fumaba por enésima vez el mismo incienso y sonreía cínicamente como si entendiera todo. Tiempo después, o una eternidad antes, Heráclito bajaba otra vez al río para defecar en ...