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Mostrando las entradas etiquetadas como Ludo Matic

Tablas Reales

(Backgammon)   Se le llama fase de contacto al período en el que nuestras fichas todavía se desplazan en territorio rival. Se exponen a ser capturadas, por eso se mueven con cuidado aunque sin pánico. Avanzan con saltos precisos y se protegen, como los griegos, en la espalda del compañero. Una partida de Backgammon consta de un segundo momento, que es la fase de carrera, en la que la adrenalina inyecta en cada una de las fichas la desesperación por llegar más rápido al territorio propio y salir del tablero. En esta fase ya no hay contacto con el rival. Las fichas huyen despavoridas, mirando de reojo la carrera del contrario, presas de la envidia. Es cierto que el juego requiere de ambas fases. La segunda es la del recuento, necesaria para no olvidar que se trata de un juego, y en la que las fuerzas del azar acabarán dictando quién se queda con la victoria. Pero es en la primera donde se produce el verdadero enfrentamiento, donde la astucia vale tanto o más que la suert...

Nintendo (O las verdes ideas incoloras)

La ciencia cognitiva nos devuelve al binomio alma-cuerpo. Reciclamos el concepto ;y actualizamos la terminolgía. La mente es el software. El cerebro es hardware. Quizás de puro supersticioso, en un querido sarcófago de cartón, guardo el cadáver verde y brillante de un cartucho de Nintendo. Su morfología no permite descifrar qué clase de espíritu la habitaba. No hay nada en esos senderos dorados que recuerde al plomero italiano de mostacho oscuro que comía hongos para crecer y flores para ser indestructible. Ese cuerpo quieto no se le parece en nada. La vida está del lado del que ve, nunca en la cosa. Quien lea hoy o mañana este acertijo seguramente participe de la misma maravilla.  

La casa de puertas impares

Siempre pensé que el concepto de piedra papel o tijera era una de las cosas más asombrosas que haya sido capaz de idear la mente humana. Se entiende que la tijera corta el papel que envuelve la piedra que rompe la tijera. Las acciones básicas a las que reduce la existencia éste juego infantil , aunque no ingenuo, son: cortar- envolver- romper. Pecando de ilustrativos, podríamos canjearlo fácilmente por: dividir- contener-destruir. Y así entregarnos a la loca carrera hacia el delirio, que nos hace ver en esto el ciclo mismo de la vida: penetrar, albergar, arruinar.  Sin embargo, cuando quise adaptar el juego a los estados de la materia tuve una alucinación de lo más metafísica (valga infinitas veces la redundancia). La nieve se vuelve agua, que se vuelve vapor, que se congela y nieva.  Al comprimirse un gas, éste se enfría. Al enfriarse el agua, ésta se expande. Hay algo de rueda en ese triángulo. Por lo tanto, una leve aunque engañosa sospecha de reversibilidad.  ...

Atari

(Go) Encontrar en los juegos de tablero la sinopsis de algunas situaciones en las que me veo implicado es un ejercicio de sanación poética. Hacer de cuenta que tal cosa es posible me devuelve una sensación de alivio comparable al éxito de una buena jugada.     El go es un juego de territorio. Una partida empezada, con sus cuentas blancas y negras formando nubes, líneas y cuadros, representa la lucha por capturar el espacio neutral. Sus dos estrategias básicas (agrupar o dispersar) son indudablemente espaciales y tienen su génesis en el concepto de la neutralidad como un imposible. No hay forma de jugar al equilibrio. Sólo la inestabilidad da lugar al movimiento. El deseo de ocupar más lugar que el otro obedece al impulso de mantenerse vivo.    Atari  no es una jugada, es una señal de alarma. Mi oponente me está avisando que en el próximo movimiento puede capturar una porción del tablero que me pertenecía. No lo hace para advertirme del peligro, sin...

Coronación

Un tablero, con sus piezas en posición inicial, nunca es algo quieto. Está a la espera de un desequilibrio, ya que todas las fuerzas están en juego aunque no haya jugadores. En esa estática están implicadas todas las jugadas posibles. De todas las limitaciones y los permisos del ajedrez (sus reglas propiamente dichas), hay una excepcional que quiebra cabalmente con la equidad de las leyes: la coronación de un peón. Este evento implica el despropósito de la resurrección de una pieza eliminada, o lo que es peor, su reduplicación. Importa un desequilibrio más inquietante, una superstición fantástica, que tiene de revolucionaria lo que los jugadores   tienen de conservadores. Lo que el peón no advierte ni advertirá nunca es que su investidura jamás será una metamorfosis, sino algo más parecido a un enroque metafísico: ya que su cuerpo glorioso, adornado de falsos laureles, será desplazado al margen del esquema para ser sustituido por el maldito zombi que vendrá a imponer su fe en e...