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Gallito fósil



No se puede domesticar un monstruo. La literatura y el cine alimentan la morbosa fantasía de la Bella capturando el corazón de la Bestia, convirtiéndolo en un príncipe desesperado. Pero el engendro, en pleno ejercicio de su legítima defensa, no puede dejar de ser atroz.  La calavera ovalada del tiranosaurio parece mirar por los agujeros donde pudo haber ojos de gallo, pestañeando atentos a cada movimiento de sus presas. El pico, infestado de dientes, me sonríe. 

“Sé que no sos una gallina”, intento decirle para que vuelva a sentirse monstruoso. Aunque el Estado se afane en demostrar que no hay nada que temer, que el animal es un servidor público, un pollo manso que me saluda arqueando la cresta roja.  Su pisada tríptica es la misma que hace sesenta y siete millones de años. Y sigue pisando para reproducirse. En el corral o suelto en el campo, picoteando maíz con cara de hipócrita, no deja de parecerme aberrante. Es una criatura al servicio de todo lo que desprecio en este mundo.  

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇