Ir al contenido principal

Entradas

Bruxismo

No se dañan tanto los dientes mordiendo un hueso, como cuando intentan contra toda esperanza deshacer la estructura inmortal que sostiene la existencia. Masticar la nada es un esfuerzo desmedido. Más allá de los límites de la resistencia física. Se quiebran los esmaltes, se desplantan las raíces, se luxan los huesos, se lesionan músculos y articulaciones. Todo en función de tragarse los significados, soluciones nutrientes para cada uno de mis problemas.  Hay que comer. Devorarse el mundo. Devenir Pac Man: cuando no haya más que comer, se sube de nivel y el laberinto vuelve a llenarse de puntos blancos. Comer en serio, todo, con tal de no ponerse a desmenuzar la nada; con tal de no romperse las muelas tratando de asimilar el absurdo. 

Atari

(Go) Encontrar en los juegos de tablero la sinopsis de algunas situaciones en las que me veo implicado es un ejercicio de sanación poética. Hacer de cuenta que tal cosa es posible me devuelve una sensación de alivio comparable al éxito de una buena jugada.     El go es un juego de territorio. Una partida empezada, con sus cuentas blancas y negras formando nubes, líneas y cuadros, representa la lucha por capturar el espacio neutral. Sus dos estrategias básicas (agrupar o dispersar) son indudablemente espaciales y tienen su génesis en el concepto de la neutralidad como un imposible. No hay forma de jugar al equilibrio. Sólo la inestabilidad da lugar al movimiento. El deseo de ocupar más lugar que el otro obedece al impulso de mantenerse vivo.    Atari  no es una jugada, es una señal de alarma. Mi oponente me está avisando que en el próximo movimiento puede capturar una porción del tablero que me pertenecía. No lo hace para advertirme del peligro, sin...

Say my name

Incluso el cáncer, monstruo fantástico de nuestra era, átomo de toda mutación, es insuficiente para justificar la transformación de Walter White en Heisenberg. Nada lo empuja a cruzar la línea de la legalidad, más que su propia elección.  Ahí es donde se puede individualizar el ladrillito lego con el que se construye el argumento de toda la serie. Una estructura micro que se reproduce de modo fractal: pongo a White frente a una encrucijada, lo veo decidir por el camino más eficaz.   El foco no está puesto sobre la cuestión moral o la neurosis. Heisenberg calcula las repercusiones en una milésima de segundo y no duda en elegir la fórmula perfecta. La precisión matemática de su pensamiento, al igual que su extraordinaria capacidad de ver por anticipado las colateralidades desencadenadas, le dan la ventaja.  Él sabe de qué está hecho su argumento. Sabe dónde empieza y termina cada ladrillo. Cómo encastran y cuáles son las posibilidades creativas. Lo ve todo, por...

Coronación

Un tablero, con sus piezas en posición inicial, nunca es algo quieto. Está a la espera de un desequilibrio, ya que todas las fuerzas están en juego aunque no haya jugadores. En esa estática están implicadas todas las jugadas posibles. De todas las limitaciones y los permisos del ajedrez (sus reglas propiamente dichas), hay una excepcional que quiebra cabalmente con la equidad de las leyes: la coronación de un peón. Este evento implica el despropósito de la resurrección de una pieza eliminada, o lo que es peor, su reduplicación. Importa un desequilibrio más inquietante, una superstición fantástica, que tiene de revolucionaria lo que los jugadores   tienen de conservadores. Lo que el peón no advierte ni advertirá nunca es que su investidura jamás será una metamorfosis, sino algo más parecido a un enroque metafísico: ya que su cuerpo glorioso, adornado de falsos laureles, será desplazado al margen del esquema para ser sustituido por el maldito zombi que vendrá a imponer su fe en e...

Angina de pecho

Un padre hipertenso engendra un hijo híper tenso. Algo coherente con el narcisismo hereditario. No es cuestión de genética, esa ciencia de lo inevitable que traza árboles familiares para cada patología.  Sospecho que es en lo falible de la ciencia donde habita lo posible. Ahí donde intenso e intencionado suenan igual. Pero no todo está perdido. Poner al lenguaje a desactivar dispositivos es un acto de desobediencia genética, a la vez que sugiere un ejercicio de libertad plena.   Condicionado a aparentar una erección perpetua, adopto un camino huérfano, el de la languidez. Me vuelvo permeable, esponja, lengua, y la sangre corre. El(h)ijo no morir en un ataque de hipo, ni de inflexibilidad Que mi muerte ocurra en un fluir apacible, dejándote correr adonde se te antoje.

Taller de marcos I

El marco de una obra no es sólo contexto. Es también señalación, es foco, es paratexto. Dice esto es , esto no es . Suelo prestar mucha atención a esos cuadros en los que la pintura desborda hasta la madera. Muchas veces, parece que el borde de la tela (lo que ya no es la obra) constituye otro producto: algo que busca mi lectura a espaldas de la intención del autor.  Cuando el soporte es parte del discurso, cuando el marco es una nueva voluptuosidad, descubro que la comunicación entre el sentido y el fundamento no es una línea gruesa, ni una escala de grises, es un fluido inesperado. Claudio Dinzelbacher enmarca un desnudo en una espesa maraña de joyas, texturas y objetos. Un guiso aterciopelado de rojo, cosas que brillan, cosas que se mueven y encierran, como un diafragma o un esfìnter, la otra obra.

Zombis en Calcuta

Brite / Calcuta, señor de los nervios Vuelvo a mi ciudad natal, al útero del mundo y la concha de mi madre, por donde los muertos ya caminaban antes del apocalipsis zombi. Esa ciudad de perfumes exóticos y nauseabundos. El lugar de los templos. ¿A qué vine? Tal vez a encontrarme con la sustancia alimenticia, con el nervio caníbal. Poppy Z. Brite me conduce por calles en las que cuesta diferenciar qué está vivo y qué es carne muerta. Porque todos caminan igual, los negocios siguen abiertos, los templos se llenan de acólitos como de milagros. Las caras vecinas se parecen, los peatones deambulan hambrientos y se reúnen en las esquinas a compartir los cuerpos. Placentero y placenta son palabras similares, idénticamente nutritivas. Y ahí está Ella, mirándome con un ojo vertical entre las piernas. Kali es la diosa de este mundo. Su sonrisa parece satisfecha.