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Taller de marcos I

El marco de una obra no es sólo contexto. Es también señalación, es foco, es paratexto. Dice esto es, esto no es. Suelo prestar mucha atención a esos cuadros en los que la pintura desborda hasta la madera. Muchas veces, parece que el borde de la tela (lo que ya no es la obra) constituye otro producto: algo que busca mi lectura a espaldas de la intención del autor. 

Cuando el soporte es parte del discurso, cuando el marco es una nueva voluptuosidad, descubro que la comunicación entre el sentido y el fundamento no es una línea gruesa, ni una escala de grises, es un fluido inesperado.

Claudio Dinzelbacher enmarca un desnudo en una espesa maraña de joyas, texturas y objetos. Un guiso aterciopelado de rojo, cosas que brillan, cosas que se mueven y encierran, como un diafragma o un esfìnter, la otra obra.

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇