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Diario #1 - ¿Cuándo empieza un diario?

Al pasar en tan breve espacio de tiempo a un mundo absolutamente nuevo y sin la más remota semejanza con el que acaba de dejar, se halla realmente como transportado a otro planeta Alí Bey, Viajes por Marruecos Ningún diario arranca desde el momento cero de lo que va a narrar. Es que no existe ese punto en el que todo está por comenzar. Alguien dirá que un diario de viajes podría empezar con el trámite de sacar el pasaporte o elegir el destino, pero lo cierto es que cualquiera de esos puntos son igual de arbitrarios. Queda afuera toda la serie de eventos que son preexistentes a la idea misma de escribir el diario. Hace un tiempo, digamos diez años, en uno de esos canastos de liquidación que suele haber en las veredas de las librerías, me encontré un libro que no estaba buscando. Eran las crónicas de los viajes de un explorador llamado Alí Bey. Fue una especie de espía a la fuerza, que tuvo que internarse en tierras árabes en busca de aliados bélicos y comerciales para la corona española...

Génesis

Hombre que te miras en las aguas para ver quién sos. Vox Dei En la casa donde crecí había dos bibliotecas. Una, más pequeña, estaba empotrada a la pared. Ocupaba el centro de la sala, frente al hogar a leña. Tenía libros bastante variados de ensayo o cuentos, todas ediciones de bolsillo, económicas, de tapa blanda. Unos metros más cerca del pasillo había otra biblioteca, una estantería de madera, en la que cabían libros más grandes y pesados. Algunos valiosos como la edición de Cosmos de Carl Sagan en tapa dura y con la cubierta impecable, una colección de enciclopedias Salvat, los tomos de diccionarios Vox, algunos volúmenes de editorial Folio sobre culturas antiguas.  Allí estaba también, ahora perdida entre infinitas mudanzas, una encuadernación de los fascículos de Historia de las revoluciones , que tenía en la portada un retablo de símbolos y banderas asociadas a diversos procesos revolucionarios de la historia. Signos que quedaron grabados en mi retina y que con el tiempo y l...

Mi experiencia en la supuesta carrera literaria

Durante los últimos 20 años incursioné en una variada muestra de horizontes posibles respecto de lo que iba suponiendo que tenía que ser mi carrera como escritor. De este recorrido, que siempre hice en plan borrador, casi desde un amateurismo militante, pude llegar a algunas conclusiones, en principio, acerca de lo que no quiero hacer y de lo que no quiero que pase con mis textos. Esta práctica me llevó varias veces a cuestionarme o, mejor dicho, a reflexionar acerca de cuáles son los dispositivos de publicación y circulación de textos, cuáles los mecanismos de legitimación de autorxs, qué rol ocupan las editoriales, los padrinazgos y madrinazgos, las tutorías literarias y los concursos.  Mis primeros pasos, allá entre 2006 y 2009, tuvieron que ver con los blogs. Estos espacios de auto-publicación que en la primera década del nuevo siglo conocieron su apogeo y su decadencia. Para ese entonces ya había empezado y abandonado una carrera terciaria, ya había participado en la revist...

Levrero hipnotista

En lo que sería su última entrevista, grabada a principios de 2004, ocho meses antes de morir, Mario Levrero deja una serie de pautas o bases sobre su relación con la escritura y su concepción del arte. Allí afirma, entre otras consideraciones, que “el arte es crear una especie de máquina de hipnotizar a otra persona para transmitirle vivencias o experiencias anímicas que no se traducen en hechos perceptibles [1] ”. Leer a Levrero supone experimentar esa hipnosis, activar los mecanismos que el autor urdió para hacernos descender a otros niveles de consciencia. Indagar un poco en la naturaleza de ese artificio (valga el oxímoron) nos acerca al concepto de salud esbozado por Gilles Deleuze en La literatura y la vida .   La enfermedad –dice Deleuze– “no es proceso, sino detención del proceso”. Tomemos por caso la novelita Dejen todo en mis manos , cuyo protagonista y narrador, parodia del propio autor, acude a su editor de confianza para publicar una novela porque necesita dinero....

Que no vivamos como esclavos

La palabra crisis siempre está de moda. Le llamamos crisis a muchas cosas. La propia coyuntura se vive, con frecuencia, como un estado crítico. Entre los miles de hermosos vocablos que heredamos de los griegos, el concepto de crisis viene cargado de significado: separar, discernir. La misma raíz la encontramos en crítica o criterio . Y entendemos entonces que la crisis nos empuja a tomar decisiones. Personalmente, me gusta el maridaje que esta palabra encuentra en otra de origen helénico: epifanía , la manifestación, que vuelve evidente lo que permanecía invisible. Muchas veces, lo que llamamos crisis no hace sino dar luz sobre las cosas que no alcanzábamos a ver. Eso que se nos muestra es lo que nos da una pista para tomar la decisión acertada. “Que no vivamos como esclavos” (2013) es un documental de Yannis Youlountas que retrata la situación política, social y económica que atraviesa Grecia. Filmado en forma independiente, autofinanciado y difundido a través de redes socia...

Guerra Mundial Z: la victoria del plan B

Nada de invasiones alienígenas, ni metáforas de la sociedad de consumo, ni alguna otra elaborada diacronía sobre la caída de la civilización. Hagamos una película donde los zombis sean zombis, sin vueltas. Guerra Mundial Z gana cuando hace convivir dos fórmulas que parecen opuestas, pero que se complementan muy bien: 1) Menos es más. (El argumento) Sacando una o dos escenas, en las que para que el relato continúe es necesario darle forma de explicación, la película no se detiene en buscarle la vuelta al asunto de los zombis, ni desde las conspiraciones, ni desde un probable génesis científico. Tampoco se narra poniendo el foco en la supervivencia, cosa que ya hemos visto en otros ejemplares del género. Simplemente se apoya en el saber colectivo acerca de estas criaturas y elabora una interminable sucesión de giros, basados en una misma estructura: el plan A no funciona. Desde esa premisa, el relato podría ser infinito. Voy a intentar explicarlo muy brevemente y sin spoilers. Ha...

Día verde

8/8/18 Lluvioso y frío, aunque verde por todas partes. Verde una cintita atada a un poste de luz. Verde un pañuelo en la mochila de una mujer que sube al colectivo. Verde las plantas invernales. Verde ventanas de las que cuelgan cortinas verdes, que hoy quieren brotar para hacerse ver. Verde las pibas de segundo año, maquilladas de brillantina verde en los ojos y en los pómulos. Uñas verdes sosteniendo un paraguas.  No sé por qué hoy, pero pienso en la chica de la que me enamoré en el vuelo de Salónica a Amsterdam. No puedo sacarme su imagen de la cabeza. Como si ella, al pasar frente a un espejo (al espejo que yo fui) hubiese dejado su imagen viva. No una foto, sino esa figura corpórea, física, hecha de los más maravillosos fenómenos de la refracción lumínica.  En clase leo La Muerta de Maupassant, a viva voz, mientras las pibas se sorprenden de que que dije “chiques” y que el aborto debe ser legal, seguro y gratuito, y que el Estado no debería tener poder sobre el...