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Inquietud

Esculturas blandas, los muñecos de Soledad Rithner no se mueven pero no puede decirse que estén quietos. Sus formas sugieren (o gritan a voz enmudecida) lo que nadie quiere ver, son espejos deformantes que manifiestan desde su anatomía las relaciones entre lo propio y lo otro: donde lo propio es apenas un cuerpito formulado a fuerza de costura o quizás una bolsa de sentido sin estructura rígida, y lo otro es el espacio que emplaza y ordena, es lo social que me hace sujeto. La sutura, expuesta y llamativa, bordea los miembros asimétricos como caricias punzantes, pone límite a la vez que enlaza los múltiples tejidos que constituyen una piel desnuda. Sus cuerpos, provistos de apéndices exageradamente largos o sospechosamente breves, pueden tener brazos sin manos, cabezas sin ojos, pitos sin fuerza. Pero siempre, la forma se concibe como una relación de lazos donde lo que las extremidades alcanzan se hace parte del mismo cuerpo.

Viajeros de Alba y Ocaso

Se me hace imposible desligar ciertos lazos que, a la hora de leer, se imponen como un contexto ineludible, como un epígrafe invisible y único que encabeza determinados textos. Tolkien y Lewis, creo, abanderan la lista de matrimonios literarios.  No me interesa ahora entrar en la simbología filosófica ni en su baluarte del relato mitológico y esa combinación inmejorable de paganismo y cristianismo. Me detengo apenas en una observación (porque de eso se trata Bastardillas), sobre los mapas que siempre contienen más territorialidades que superficies.  El creador de Narnia sitúa la Nación de Aslan en el límite oriental del mundo, tras una imponente cortina de agua. En cambio, el autor de la Tierra Media ubica las Tierras Imperecederas en el extremo occidental. Esta diferencia es quizás menos radical de lo que aparenta, pero no puedo dejar de ver en el primero la alusión a un amanecer espiritual siempre postergado, mientras que en el segundo se trata de la melancolía de lo q...

Beber en monstruo

Laiseca / Beber en rojo (Drácula)  (Reseña para Revista Tela de Rayón ) Si, como dijo Borges, cada escritor engendra su propios antecesores, aquí Laiseca, devenido anti-autor no solo los nombra a todos y cada uno, sino que los pone en juego. En una reescritura del todo intencionada del Drácula de Stoker, nos propone una novela metaliteraria, plagada de citas y paráfrasis, que es “única en su especie” (como lo es todo monstruo) y que no sólo dialoga con la historia de la literatura de horror sino con la propia obra del autor, incluyéndola oblicuamente en la tradición que estudia y genera al mismo tiempo.  Los personajes de Stoker, recreados en un castillo actualizado del Conde, que tiene mucho de la casa Usher, están librados a una dialéctica desde la que se elabora no solo una antología de horror muy bien delineada sino también una suerte de manifiesto estético, en el que el autodeclarado monstruo de la literatura argentina expone su inextinguible apología de lo mon...

El secreto del pájaro-momia

Entré al Museo Argentino de Ciencias Naturales con mi hijo y mi viejo y fue como si viviese en tiempos paralelos y sincronizados todas mis visitas a todos los museos. Me abstraía por momentos en las relaciones padre-abuelo-hijo-padre que se enredaban como estopa, como maraña de lazos que a veces saltan de un tiempo a otro, de un personaje a otro, necesariamente arbitrarios, inexorablemente repetitivos. Nos movíamos de una sala a otra rodando como cardo ruso, atentos a lo que cada escena inmóvil nos despertaba.  Pero, si se trataba de lazos y oblicuidades, lo mejor nos esperaba en la sala de Aves. Ahí puede verse, desde 2010, una serie de vitrinas con aves embalsamadas en una representación de su hábitat natural. Contra un fondo fotográfico que nos mete en el paisaje, se superponen ramas y hojas, piedras y arroyos ficticios. Y escondidos entre estos objetos, los coloridos pájaros-momia miran atentos lo que sucede más allá de los vidrios que los separan de nuestra dimensión. Deb...

No hay náufrago sin ironía

Más que la isla y los cocos, más que la tormenta o la balsa improvisada, lo que especifica al náufrago como tal es su condición de víctima de una ironía. No la esperanza del guardacostas o el helicóptero, ni la soledad del hombre cara a cara con las fuerzas naturales, sino su reducción a títere, a guante pintado en la mano de la ironía.  Chuck lo intuye mientras mira con amargura el filo del patín que hará con su muela lo que en el lado convexo del mundo está haciendo su odontólogo con Kelly. Ese patín, cuyo único rasgo distintivo sea quizás su disponibilidad para el desliz, es la parte por el todo.  Mientras tanto, múltiples naufragios me amenazan, al verme reflejado en la cara del actor. Cast Away, Robert Zemeckis, 2000.

El segundo principio

Nemo espera desramificarse. Tiene la suerte de ser el último moribundo, y eso lo vuelve superpoderoso. Encarará el reverso de las cosas como mascarón de proa de cara al maremoto. Se le ha brindado el lujo más valioso de todos (y a la vez, el menos solicitado), volver a sufrir todo por segunda vez desde una carcajada vertiginosa hasta el principio de los días.  Quiero su suerte. Quiero caer con él hacia arriba y, a brazos abiertos, reblandecer el asfalto hasta que el aire sólido me sustraiga cada vida posible. Volver a ser urgencia, potencialidad, impulso a desatar, molécula inquieta. Mr. Nobody, Jaco Van Dormael, 2009

Bastardilla transdimensional

Calificar a la criptozoología como la ciencia con menos margen de error no sería más desopilante que decir que es la ciencia del equívoco. Incluso uno puede llegar a enunciar ambas aseveraciones sin contradecirse. Se trata, entonces, de una forma de ver. Lo cual la diferencia de las demás ciencias. No tiene sentido entrar en dicotomías como razón y fantasía, o cartesianismo y spielbergismo. Mejor todavía, entender que la concepción de universos ocultos y animales fantásticos supone casi la supresión de la duda en una lógica simple de formular: si hay lugar a dudas, hay lugar . Cosa que contrasta con la otra fórmula conocida: no hay lugar a dudas de lo que hay .  Según esta ciencia que cada día me sorprende más, existe un insecto interdimensional, que solo puede ser visto cuando está en plena metamorfosis y es capturado por una fotografía. Le llaman Rod y es similar a una vara con aletas como tirabuzón y suele aparecerse blanco y brillante saltando de un fotograma a otro. Otras...