Ir al contenido principal

No hay náufrago sin ironía

Más que la isla y los cocos, más que la tormenta o la balsa improvisada, lo que especifica al náufrago como tal es su condición de víctima de una ironía. No la esperanza del guardacostas o el helicóptero, ni la soledad del hombre cara a cara con las fuerzas naturales, sino su reducción a títere, a guante pintado en la mano de la ironía. 
Chuck lo intuye mientras mira con amargura el filo del patín que hará con su muela lo que en el lado convexo del mundo está haciendo su odontólogo con Kelly. Ese patín, cuyo único rasgo distintivo sea quizás su disponibilidad para el desliz, es la parte por el todo. 
Mientras tanto, múltiples naufragios me amenazan, al verme reflejado en la cara del actor.

Cast Away, Robert Zemeckis, 2000.

Entradas populares de este blog

Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇