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Somewhere in time

Borges / El Aleph

En el afiche, Darín fuma un Jockey y el tiempo pasa para Borges. A nadie le importa la ausencia que hasta él mismo transformará en olvido. Pero al bajar al sótano fantástico, a ese abismo de infinitas confluencias, el autor ya se sabe fingido y, por lo tanto, todo lo que lo rodea lo será.
Si el falso Borges caricaturizado por Borges juzgó falso al Aleph que le estaba mostrando sus propios glóbulos disiparse por sus arterias, fue porque no vio en el vórtice su único deseo, refractado en infinitos deseos idénticos. Quería ver al mundo detenerse, una huelga perpetua de publicistas, un culto a su Beatrice inmortal, un reloj de arena con tapón, un poema inmóvil.
Y quizás lo consiguiera superponiendo ficciones. Hueco sobre hueco sobre hueco hasta el infinito inabordable. Ser el Dante apoteótico en el extremo final del ovillo de Ariadna, o incluso el mismo Borges que leo, abismo sobre abismo simulado.

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇