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Levrero hipnotista

En lo que sería su última entrevista, grabada a principios de 2004, ocho meses antes de morir, Mario Levrero deja una serie de pautas o bases sobre su relación con la escritura y su concepción del arte. Allí afirma, entre otras consideraciones, que “el arte es crear una especie de máquina de hipnotizar a otra persona para transmitirle vivencias o experiencias anímicas que no se traducen en hechos perceptibles [1] ”. Leer a Levrero supone experimentar esa hipnosis, activar los mecanismos que el autor urdió para hacernos descender a otros niveles de consciencia. Indagar un poco en la naturaleza de ese artificio (valga el oxímoron) nos acerca al concepto de salud esbozado por Gilles Deleuze en La literatura y la vida .   La enfermedad –dice Deleuze– “no es proceso, sino detención del proceso”. Tomemos por caso la novelita Dejen todo en mis manos , cuyo protagonista y narrador, parodia del propio autor, acude a su editor de confianza para publicar una novela porque necesita dinero....

Que no vivamos como esclavos

La palabra crisis siempre está de moda. Le llamamos crisis a muchas cosas. La propia coyuntura se vive, con frecuencia, como un estado crítico. Entre los miles de hermosos vocablos que heredamos de los griegos, el concepto de crisis viene cargado de significado: separar, discernir. La misma raíz la encontramos en crítica o criterio . Y entendemos entonces que la crisis nos empuja a tomar decisiones. Personalmente, me gusta el maridaje que esta palabra encuentra en otra de origen helénico: epifanía , la manifestación, que vuelve evidente lo que permanecía invisible. Muchas veces, lo que llamamos crisis no hace sino dar luz sobre las cosas que no alcanzábamos a ver. Eso que se nos muestra es lo que nos da una pista para tomar la decisión acertada. “Que no vivamos como esclavos” (2013) es un documental de Yannis Youlountas que retrata la situación política, social y económica que atraviesa Grecia. Filmado en forma independiente, autofinanciado y difundido a través de redes socia...

Guerra Mundial Z: la victoria del plan B

Nada de invasiones alienígenas, ni metáforas de la sociedad de consumo, ni alguna otra elaborada diacronía sobre la caída de la civilización. Hagamos una película donde los zombis sean zombis, sin vueltas. Guerra Mundial Z gana cuando hace convivir dos fórmulas que parecen opuestas, pero que se complementan muy bien: 1) Menos es más. (El argumento) Sacando una o dos escenas, en las que para que el relato continúe es necesario darle forma de explicación, la película no se detiene en buscarle la vuelta al asunto de los zombis, ni desde las conspiraciones, ni desde un probable génesis científico. Tampoco se narra poniendo el foco en la supervivencia, cosa que ya hemos visto en otros ejemplares del género. Simplemente se apoya en el saber colectivo acerca de estas criaturas y elabora una interminable sucesión de giros, basados en una misma estructura: el plan A no funciona. Desde esa premisa, el relato podría ser infinito. Voy a intentar explicarlo muy brevemente y sin spoilers. Ha...

Día verde

8/8/18 Lluvioso y frío, aunque verde por todas partes. Verde una cintita atada a un poste de luz. Verde un pañuelo en la mochila de una mujer que sube al colectivo. Verde las plantas invernales. Verde ventanas de las que cuelgan cortinas verdes, que hoy quieren brotar para hacerse ver. Verde las pibas de segundo año, maquilladas de brillantina verde en los ojos y en los pómulos. Uñas verdes sosteniendo un paraguas.  No sé por qué hoy, pero pienso en la chica de la que me enamoré en el vuelo de Salónica a Amsterdam. No puedo sacarme su imagen de la cabeza. Como si ella, al pasar frente a un espejo (al espejo que yo fui) hubiese dejado su imagen viva. No una foto, sino esa figura corpórea, física, hecha de los más maravillosos fenómenos de la refracción lumínica.  En clase leo La Muerta de Maupassant, a viva voz, mientras las pibas se sorprenden de que que dije “chiques” y que el aborto debe ser legal, seguro y gratuito, y que el Estado no debería tener poder sobre el...

Zapatos de mujer suspendidos

Hoy vi zapatos de mujer colgando de un cable alto. Había visto, como todos, siempre zapatillas. De esas que se convirtieron, en todas las ciudades y en todos los barrios, en una fuente inequívoca de mitos urbanos. Pero lo que hoy vi fue, por primera vez, un par de zapatos de taco suspendidos en el tendido eléctrico. El calzado, sostengo, es una metáfora impecable. Algo que va en los pies que, sin duda, nos fascina o, mejor dicho, nos interpela. Nos conduce por trayectos metonímicos hacia la conexión con la tierra, la posición erguida, el trazado de caminos y de huellas. El estado en que se presenta un zapato evoca un abanico de imágenes variadas y tiene, todas las veces, el efecto de una metáfora violenta. Desde que tengo memoria me llamaron la atención las zapatillas colgadas de los cables. Mucho antes de empezar a indagar en los diferentes rumores que buscan dar sentido a esa expresión territorial, yo había sacado mis propias conclusiones. Creía se trataba del trabajo de matones....

Estado de conservación

Asomarme al bullicio de una vieja red social como quien abre una ventana para ver si sigue lloviendo. Confirmar que, en efecto, nunca hubo nada para escuchar, nada para leer, nada para decir en ese mundo en el que todas las voces se cancelan entre sí. Recordar, de pronto, un libro que compré y que no leí. Sambullirme en él como en charco de agua encontrado en el desierto. Sentirme encantado de conocer una voz que me habla a los ojos como si no existiese otra persona en el mundo. Entre mis planes de escape, hay uno escrito en el pliegue silencioso del borde de un papel ahuesado.   

El tesoro vedado

Termina el penúltimo capítulo de Una serie de eventos desafortunados y Jeremías tiembla. Con apenas siete años, está experimentando una forma de la ansiedad a la que Netflix lo somete con absoluta malicia. Su mundo se vuelve insípido y soso. Se le ven las costillas y el hambre le transparenta la piel. Pero no quiere comer hasta no saciar el otro hambre: el de la cucharada de azúcar mágica que sale de la pantalla.  Termina el último capítulo de la serie y los protagonistas cuelgan de un barranco. Jeremías contiene el temblor y estalla en llanto. ¡Cómo puede terminar así! Lo veo retorcerse como el insecto inconforme en que lo han convertido. Tendrá que esperar un año para saber si caen o no caen. Le han confiscado, con total perversidad, el tesoro del relato.  ¡Netflix, me cago en tus muertos!  Jeremías y yo tenemos un plan. Lemony Snicket (Daniel Handler) ya escribió esta historia y se puede leer completa. El spoiler es a la Industria lo que el trueque es al...