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TOC

El problema parece estar del lado del mensajero. El comunicador que vuela de una neurona a otra buscando su goce y encuentra que no hay mejor placer que viajar absurdamente. Se siente poseedor de una verdad que escapa a la mayoría de sus pares: “se hace camino al andar”. Por eso viaja por espacios prolongados, buscando el modo de demostrar que nada tiene sentido, que la repetición es un negocio acertado, y que es mejor coexistir con el patrón que aventurarse al fracaso inevitable de la anarquía. 
Está claro –lo dicen los manuales en los que constan las cosas claras– que no hay nada que no sea hereditario. Lo sospechaba la Mitología mucho antes de que existiera la excusa del genoma. Por mi parte, sé que he heredado las más exquisitas aberraciones. Y en lo que me toca como padre, tal vez me avergüence un poco de sentirme satisfecho por haberle transmitido a mi hijo el defecto de sufrir aparatosamente cualquier tipo de asimetría.

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇