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Hasta los montes llegué

El espacio, últimamente, se me viene figurando como el comodín de las metáforas. Adentro, afuera, atrás y adelante no son menos que razones universales (de tan relativas) que se parecen a todo lo que se intente decir, pensar o traducir. El lenguaje mismo consiste en lugares y entramados. Incluso la razón (como la mitología) dispone en términos espaciales todos sus argumentos. 
Pero de todos los lugares posibles, me quedo con los que se desdibujan en el doblez del mapa. Los recónditos y legendarios de los que ya no se puede decir con certeza de qué lado del espacio están. Como la Salamanca.

Fortuna, Fama y Poder (escuchar)
Peteco Carabajal (1991)

Buscando la Salamanca
hasta los montes llegué
fui pidiendo para mí
fortuna, fama y poder.
La noche envolvió mi sombra
antes del amanecer.

Un gallo con plumas de oro
cantando me abrió un portal
allí dentro pude ver
los pájaros despertar
con sus trinos me enseñaron
a sentir la libertad.

Yo soy el árbol más viejo
que existe en este lugar
muchos siglos de raíz
me otorgan la facultad
para ser quien te reciba
en ausencia de supay.

De lejos se escucha un bombo
Es ocre de atardecer
Pie desnudo un viento gris
Su giro nos hace ver
En el aire hay chacareras
Que regresan del ayer.

De a poco fui conociendo
Secretos del socavón
Que no hay planta ni elixir
Que sirvan para el amor
Que hay un tiempo que está unido
Con las memorias del sol.

Un hombre incendió su pueblo
enfermo y creyéndose
cuántos más dañan a Dios
y mueren sin comprender
que está en la naturaleza
la excelencia del poder.

La fama es la gloria eterna
Que alguna vez sucedió
El dinero puede ser
Tal vez una condición
La fortuna es el tesoro
Que resguarda el corazón

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