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El Ángel Vengador

Dumas / Montecristo
Si un hombre fuera un cuerpo y una idea, expuesta su absurda sensibilidad a un mundo igualmente absurdo, y lo es; y si acaso un hombre fuera ese cuerpo y esa idea alumbrado por sueños y proyectos, amores y pasiones, y lo es; entonces ese hombre que había sido Edmundo Dantés habría muerto realmente en su celda del Castillo de If, y fue efectivamente así.
Lo que sobrevivió a Dantés no fue el propio Edmundo sino un ser superior y superado, una idea casi teologal, la idea del equilibrio místico aplicado por una mano superhumana.
Su venganza no es la de un hombre sino la de un dios. A guisa de contrapasso (¡Hosanna, Alighieri!), Montecristo va sembrando pacientemente las semillas que crecerán hasta voltear la balanza para el lado opuesto. Desde todo punto de vista, las acciones del Conde superan ampliamente la noción de vendetta. Montecristo tiene una certeza digna de un dios y, desde la catalepsia de Valentina hasta la configuración de Benedetto-Cavalcante, sin olvidar tampoco el desagravio de la hermosa griega Haydeé (hija de reyes), su plan –que es un plan divino– tiene siempre un doble efecto. Montecristo deshace no sólo su propio agravio sino también el de todos los que han sido ultrajados por los enemigos.
Será por esto que su nave, espléndida nave construida a la medida de las exigencias de un dios, lo lleva al final a ese horizonte curvo en que el mar guarda los mitos. Edmundo Dantés no vuelve a casa con Mercedes, ni se instala en Marsella ni en París, ni siquiera en su isla homónima, sino que se pierde lentamente en la vastísima extensión del océano, como se borran del plano humano las leyendas para pasar, como Orión, a ser constelación, guía de los viajeros, literatura.

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇