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Nunca sabrás del todo

No tener ni la más mínima certeza es, quizás, la fuerza motora del multiverso. Lo que no se sabe, se inventa, se imagina, se esculpe y se pone en marcha eso que seguramente produjo disparates tales como los microorganismos unicelulares o los Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Cuesta adentrarse, la inseguridad es territorio salvaje. Cuesta despojarse de decilitros de información pegajosa, de singularidades densas. Aunque basta con cerrar y abrir los ojos, lavarse bien las orejas y atender la música, esa incertidumbre plena de goce. VIGESIMA PRIMERA PALABRA J. C. Bustriazo Ortiz (2008) / Rojo Estambul ( música ) Cómo será la cola de una bruja? Azafranada, viola, miel, canela, color durazna, de damasca prieta, poema escarlata, ciclamor de luna? Color de espiga, leche, tuna, hoguera, o de ostra de oro, de sirena intensa? Cómo será la Cola de la Bruja? Yo me pregunto, pobre Juanca. Nunca sabrás del todo porque te es tiniebla!

A la vuelta de la esquina

No es que el Rey de los Duendes sea tan tramposo, sino que todo laberinto es cambiante y todo acaba siendo laberíntico cuando uno está dispuesto a perderse.  Tal vez no se trate de encontrar la salida –que a fin de cuentas, está a la vuelta de la esquina, como el Oráculo del Sur–. Lo que cada laberinto necesita del aventurero es el poder de multiplicarse, casi equivalente a una polinización. Ni el camino, ni el caminante pueden desdoblarse por sí solos, pero puestos a enroscarse uno sobre el otro, no hacen más que reproducir infinitas versiones de sí mismos hasta agotar el espacio. Labyrinth, Jim Henson, 1986

Los narradores de la locura

Brújula silenciosa, el cuerpo de la niña insepulta guía el cortejo. Lo cuentan las voces de los animales amuchados en el arca de hierro que Salvatore Onelli puso en la vía del escape. Es que la leyenda siempre la cuentan otras voces. Los protagonistas son incapaces de encajar en el hilo de la historia, porque ya no tienen voz –y tal vez nunca la tuvieron–. Hay algo de héroe en el loco Onelli reconstruido por Leopoldo Brizuela, y todo de relato. Lo dicen las habladurías que son, sin ir más lejos, las Parcas de todos estos locos, tejiendo con lenguaje su destino inevitable de mito, poesía, epopeya.

Praxinoscópica

Afirmar que todo movimiento es una ilusión no es menos acertado que decir que lo único ilusorio es la estática. Te veo bailar al ritmo lánguido de la expansión del cosmos y todo me sugiere artificialidad. Incluso la neurona ligada a este ojo que te ve procura enderezar tu imagen subvertida. Sin embargo, si hay algo cierto (¿lo habrá?) es la mirada. Es ella la que reúne todos los fotogramas en una sola versión de vos bailando, y es todo lo que quiero creer. El movimiento será, tal vez, ese pacto silencioso entre la mirada y todas las otras dimensiones.

Oceanic 815

Si antes de decir que el narcisismo de los hijos es el narcisismo de los padres Freud no había visto Lost, estamos fritos. Es que tal vez, como en Lost, todo se trate de narrar ininterrumpidamente buscando aplazar lo más posible el velorio de un padre.  Tal vez eso piensa Jack Shephard cuando mira al horizonte y se sabe eternamente solo, pastor de ovejas y cirujano de supervivencia. Tal vez incluso piensa, mientras se rasca el tatuaje que dice "camina entre nosotros, pero no es uno de nosotros", que la supervivencia también es una excusa obstinada en dilatar la muerte a toda costa. O tal vez solo lo intuye y no tiene palabras para nombrarlo, porque está quedándose escaso de vocablos, las temporadas han transcurrido en un abrir y cerrar de ojos y ya no hay isla ni náufragos ni osos polares. La memoria colectiva expira profundamente y el binomio padre-hijo concluye para siempre. Lost, Lieber-Abrams-Lindelof, 2004-2010.

Inquietud

Esculturas blandas, los muñecos de Soledad Rithner no se mueven pero no puede decirse que estén quietos. Sus formas sugieren (o gritan a voz enmudecida) lo que nadie quiere ver, son espejos deformantes que manifiestan desde su anatomía las relaciones entre lo propio y lo otro: donde lo propio es apenas un cuerpito formulado a fuerza de costura o quizás una bolsa de sentido sin estructura rígida, y lo otro es el espacio que emplaza y ordena, es lo social que me hace sujeto. La sutura, expuesta y llamativa, bordea los miembros asimétricos como caricias punzantes, pone límite a la vez que enlaza los múltiples tejidos que constituyen una piel desnuda. Sus cuerpos, provistos de apéndices exageradamente largos o sospechosamente breves, pueden tener brazos sin manos, cabezas sin ojos, pitos sin fuerza. Pero siempre, la forma se concibe como una relación de lazos donde lo que las extremidades alcanzan se hace parte del mismo cuerpo.

Viajeros de Alba y Ocaso

Se me hace imposible desligar ciertos lazos que, a la hora de leer, se imponen como un contexto ineludible, como un epígrafe invisible y único que encabeza determinados textos. Tolkien y Lewis, creo, abanderan la lista de matrimonios literarios.  No me interesa ahora entrar en la simbología filosófica ni en su baluarte del relato mitológico y esa combinación inmejorable de paganismo y cristianismo. Me detengo apenas en una observación (porque de eso se trata Bastardillas), sobre los mapas que siempre contienen más territorialidades que superficies.  El creador de Narnia sitúa la Nación de Aslan en el límite oriental del mundo, tras una imponente cortina de agua. En cambio, el autor de la Tierra Media ubica las Tierras Imperecederas en el extremo occidental. Esta diferencia es quizás menos radical de lo que aparenta, pero no puedo dejar de ver en el primero la alusión a un amanecer espiritual siempre postergado, mientras que en el segundo se trata de la melancolía de lo q...