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Otherness (con urgencia)

La O siempre está ahí, molestando como un orificio hueco, como un anillo anular, un círculo redondo. Es la de otro, la de oblicuo, la de orgasmo y la de orto (que es otro al revés). Y así la vemos, orondamente invisible, como el agujero de ozono. La O es el ombligo de Eva y el asterisco de Adán. No hay razón para temerle: sus cosquillas remueven tus vasos sanguíneos y despejan la equis de tus lindos cromosomas. Salvemosla del olvido, del oprobio, del otorrino. La hunden los Ellos, los Elefantes verdes, los Empleados públicos. La O está abierta y esperanzada. Desea que vayas a insolentarte, a faltarle el respeto amorosamente, a darte confianza. Sábados y Domingos de Agosto. Más información en Abre Club de Arte .

Dr J. y los múltiples escondidos

Stevenson / El extraño caso del Dr Jekyll y Mr. Hyde Al menos se anima a decir nuestro Jekyll que la duplicidad es una primera instancia de lo múltiple. El doctor es, sabemos, doble. También su casa, mitad residencia, mitad laboratorio. La misma Londres, dividida entre las actividades diurnas y nocturnas, los barrios bajos y los residenciales, el centro y el suburbio, la sociedad burguesa y los homeless . El claroscuro, aludido continuamente por el narrador, es una clara muestra de lo que Stevenson está denunciando y que pone en boca de Jekyll como una guerra encarnizada entre las dos naturalezas del hombre. Pero el doctor avanza donde el autor ya no hace pie. Admite sus límites pero sospecha fronteras más amplias: “y aventuro la profecía de que el hombre será reconocido al cabo como una nueva comunidad de múltiples ciudadanos independientes y heterogéneos” (Op.Cit.)

Más instrucciones

Cortázar / Para escuchar con audífonos (leer fragmento) Leemos la sorpresa o la fascinación de Cortázar describiendo el mecanismo inconcebible en términos no científicos a través del cual el cuarteto de Bartok sufre sucesivas metamorfosis (o cambios de estado, como el agua) para llegar al vinilo, al diamante, al audífono. Nos sonreimos como si estuviésemos ante una anécdota infantil (mirá lo que le sorprendía al tipo que no llegó a ver ni siquiera el cd), como si no fuese más mágico el surco mecánico del vinilo que el clúster digital o las memorias blandas. Incluso, nos simpatiza imaginar al escritor que no sabía decir la erre enredado en los cables de sus auriculares conectados directamente al combinado (en realidad llegó a ver los walkman y los cassettes). Pero el silencio del mp3 sigue siendo tan fosforescente como el del primer audífono. La burbuja afecta a más gente y más gente asiste a convenciones de burbujas que hablan con señas entre sí, que gritan porque no se oyen, qu...

Imparidad

Lo nuevo y valioso causa en uno la extrañeza suficiente como para parar las antenas y recibir todo su influjo y poder. Acaba de salir, acaso, una obra tan redonda como anudada que dio a luz la neurona enérgica de mi amigo y pariente Nicolás Blum. La obra es impar (y también se llama así), pero me quedo con esta canción que le da sustento y profundidad al concepto del disco. Soporta como estructura invisible, inasible, del concepto de juego y mascarada, de sueño y sobrerrealismo en que se confunden la música visceral y la letra craneada, sopesada meticulosamente. Y me quedo también con la pregunta que me deja la obra: si alcanzan los versos para diluir un engaño o es que se compensa un engaño con otro. Martingala (descargar) Nicolás Blum Amaneció cubrió su cara con la almohada tal vez creyó posible que le guarde las palabras Esta idea absurda del amor era nuestro orgullo en plena batalla no estaré en la mesa de hoy como el arquetipo de tus desgracias En este juego re...

Cardo tártaro

Tolstoi / Hadji Murat Un territorio mítico es aquél en el cual florecen relatos hasta de los cardos, y el Cáucaso es, sin duda, uno de estos lugares que nunca dejan de susurrar historias. Nuestro héroe es ese que sabe que es parte de un relato, es consciente de eso y vive cada minuto de su historia como si estuviese siendo narrado al mismo tiempo para todos los tiempos. Es la voz de otro (de un otro múltiple) sonando como cuerpo. Hadji Murat resplandece como uno de estos héroes. Y Tolstoi, por su mismo efecto, se narra a sí mismo, apoteótico, revelado, deslumbrante. Caudillo de jinetes montañeses, firme y brillante incluso en su muerte, me remueve en la sangre el gen de la epopeya, el de querer pelear por él, cabalgar a su lado, morir junto a su sombra.

Mortimer

Los nudillos apoyados sobre la mesada, la boca torcida en una mueca de desprecio, los hombros que le cubren las orejas, y el rayo que se vierte en ángulo desde un sol imaginario hasta una luna psicodélica acurrucada en la espuma de la esponja. Acaba de caerse un vaso de vidrio y no me va a quedar otra que meter la mano en el agua enjabonada para cortarme las yemas con una de las astillas. En un segundo, no bien termino de nacer ya estoy contrayendo alguna infección que borrará de la memoria de mis parientes los hechos más irrelevantes de mi vida. Se imprimen en mi córnea catálogos de actividades que no habré concluido, que nunca empezaré, que no quise contar. Me siento estrangular por un temor a desaparecer, bajo la irrefrenable guillotina de la memoria selectiva de mis parientes. Que sólo se acordarán de obras importantes. Quedará de mí el oscuro mito que inventé para hacerme olvidar. En verdad, seré lo oscuro y un pensamiento que se apaga. Se olvidarán de la tos, del colectivo, de...

Cambiar de llanto

De pronto recordé el esquema del ojo y su equivalente analógico, la cámara fotográfica. Pienso en el efecto de la lente a través del cual los rayos de luz convergen y se invierten al pasar al otro lado. Se imprime una imagen invertida en la retina. Si alguien supo poner al lenguaje de cabeza, si alguien fue dueño del ojo en cuya lente converge el lenguaje para invertir los polos del mundo, es este poeta flaco y moribundo que nació "un día que Dios estuvo enfermo" y se llamó César. La imagen repetida una y mil veces en Trilce, el salto por el ojo de la aguja, es este mismo efecto. Poema para ser leído y cantado (César Vallejo) Sé que hay una persona que me busca en su mano, día y noche, encontrándome, a cada minuto, en su calzado. ¿Ignora que la noche está enterrada con espuelas detrás de la cocina? Sé que hay una persona compuesta de mis partes, a la que integro cuando va mi talle cabalgando en su exacta piedrecilla. ¿Ignora que a su cofre no volverá mone...