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Los rulos de Sarah Connor

En los argumentos con viajes en el tiempo suelen encontrarse paradojas. Algunas más literarias, otras simplemente falaces. Sin embargo, tal vez toda falacia sea potencialmente literaria, conforme el ojo con que se lee. La mayoría de las veces, el viaje al pasado genera un bucle en el curso temporal (siempre entendido como espacio, como línea). Esto es porque nadie viaja al pasado solo para mirar, y mucho menos cuando uno es enviado a proteger a esta rubia de rulos que se supone que es la madre de nuestro líder revolucionario en el futuro. Algo me atrae de ella, no puedo decir qué es, pero es una pulsión enajenante. Ahora estoy acostado sobre su cuerpo abierto para dejar en el fondo de su útero mi pequeño aporte a la causa. Ya no sé quién me envió, ya no soy el que vino, porque será otro hijo y amigo de otro que soy y que no soy. Sea lo que sea aquello para lo que fui enviado, he desertado para quedarme entre los bucles amarillos de un tiempo que ya no volverá a fluir.



Terminator, James Cameron, 1984

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Diario #3 - La cisterna y el manantial

La cisterna contiene, el manantial rebosa. William Blake Hubo un tiempo (creo que muy breve) en el que muchas y muchos de quienes nos dedicamos a escribir incursionamos en la autopublicación digital. Los blogs ofrecían un espacio sin intermediarios, de una escritura fresca y periódica. Cada quien elegía cuánto tiempo dedicarle a la composición del blog, a la edición propiamente dicha. Conocí sitios lindos de navegar, algunos más estructurados que otros, algunos mejor organizados que otros. Algunos imitaban revistas, otros improvisaban blocks de notas. Hubo blogs caóticos en los que a veces estaba bueno perderse y también blogs minimalistas realmente muy bellos. Las redes sociales, que fueron condicionando de alguna manera nuestro modo de relacionarnos con los contenidos, finalmente reemplazaron estos dispositivos de lectura por algo que llamaron micro-blogging. Los mediatizaron, por así decirlo, cumpliendo así con su único objetivo.  No pretendo hacer de esto una especie de elegía ...

Un principio

Aristóteles creyó que había plantas e insectos que se generaban espontáneamente a partir de la materia descompuesta. Así se explicaba el origen de ciertas alimañas que, al parecer, surgían gracias a la interacción de fuerzas capaces de dar vida a la materia inerte, ponele. La cosa estaba, por así decir, en la potencialidad. Y a esta fuerza la llamó entelequia, porque le gustaba ponerle nombre a las cosas, sobre todo a las que no tenían nombre.  Ante todo, el rigor científico:  el ser contiene  en sí mismo  todo su universo .

La falla es la obra

La falla es la obra. En el tempes- tuoso mar de causas y azahares una catás- trofe o quizás una casualidad hizo fallar lo inerte por un buen rato. 🐜 . ❇ (De la biblia de los bichos. Escrita en sangre de hormigas) ❇ . ❇ (Podria ser la versión final de una obra, pero no. Nunca hay tal cosa.)❇