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Del agua vienes, al agua vas

Tal vez no sea tan acertado decir el arma del poeta es la palabra, cuando es su mirada lo que hace de él un sujeto extraordinario. Con ojo de pez, Pablo Schipani mira a las mujeres y les habla echando burbujas que no pueden sino elevarse al horizonte vertical. "Mujeres Sumergidas" es su mirada dirigida a esos personajes femeninos en cuya muerte está implicada alguna forma de inmersión. Desde Alfonsina Storni hasta Eva Duarte embalsamada, todas sometieron sus cuerpos al elemento más abundante del planeta, ese del que brotó la vida, sumergiéndose en un bucle que une la boca a la cola de la serpiente. El ojo del poeta asiste entonces al evento que las inmortaliza. ¿O será su mirada creadora lo que encuentra un principio en el final? Sea como sea, cuando todo es occidente, la poesía inventa lo inmortal.

Juan del Monte

Recién anocheció y estoy sentado arriba de un árbol en medio de un jardín que me es muy familiar. En el campo, cerca de la calle, el árbol es lo único que me pertenece –o por lo menos, el único lugar en el que tengo permitido estar–. El paisaje me es familiar, como si me hubiese pertenecido en el pasado, pero apenas tengo nueve o diez años y no tengo otro pasado que éste. No obstante, sé que toda esta casa y todo este campo me perteneció. O fue propiedad de otro Juan. Uno mayor que yo, uno previo, con el que estoy emparentado de alguna manera.  Se oyen ahora las voces de unos niños más o menos de mi edad. Vienen por la calle de tierra, arriando vacas u ovejas. Vacas, creo. Ignoro quiénes sean. No solía haber niños por aquí –aunque no tengo recuerdos claros–. Pero estos niños sí que conocen esa calle por la que andan. Se ríen, pero temen. Hay algo de legendario en esa casa frente a la cual están pasando con su ganado. Hay algo de mito monstruoso. Puedo sentir en el frío finísim...

Nunca sabrás del todo

No tener ni la más mínima certeza es, quizás, la fuerza motora del multiverso. Lo que no se sabe, se inventa, se imagina, se esculpe y se pone en marcha eso que seguramente produjo disparates tales como los microorganismos unicelulares o los Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Cuesta adentrarse, la inseguridad es territorio salvaje. Cuesta despojarse de decilitros de información pegajosa, de singularidades densas. Aunque basta con cerrar y abrir los ojos, lavarse bien las orejas y atender la música, esa incertidumbre plena de goce. VIGESIMA PRIMERA PALABRA J. C. Bustriazo Ortiz (2008) / Rojo Estambul ( música ) Cómo será la cola de una bruja? Azafranada, viola, miel, canela, color durazna, de damasca prieta, poema escarlata, ciclamor de luna? Color de espiga, leche, tuna, hoguera, o de ostra de oro, de sirena intensa? Cómo será la Cola de la Bruja? Yo me pregunto, pobre Juanca. Nunca sabrás del todo porque te es tiniebla!

A la vuelta de la esquina

No es que el Rey de los Duendes sea tan tramposo, sino que todo laberinto es cambiante y todo acaba siendo laberíntico cuando uno está dispuesto a perderse.  Tal vez no se trate de encontrar la salida –que a fin de cuentas, está a la vuelta de la esquina, como el Oráculo del Sur–. Lo que cada laberinto necesita del aventurero es el poder de multiplicarse, casi equivalente a una polinización. Ni el camino, ni el caminante pueden desdoblarse por sí solos, pero puestos a enroscarse uno sobre el otro, no hacen más que reproducir infinitas versiones de sí mismos hasta agotar el espacio. Labyrinth, Jim Henson, 1986

Los narradores de la locura

Brújula silenciosa, el cuerpo de la niña insepulta guía el cortejo. Lo cuentan las voces de los animales amuchados en el arca de hierro que Salvatore Onelli puso en la vía del escape. Es que la leyenda siempre la cuentan otras voces. Los protagonistas son incapaces de encajar en el hilo de la historia, porque ya no tienen voz –y tal vez nunca la tuvieron–. Hay algo de héroe en el loco Onelli reconstruido por Leopoldo Brizuela, y todo de relato. Lo dicen las habladurías que son, sin ir más lejos, las Parcas de todos estos locos, tejiendo con lenguaje su destino inevitable de mito, poesía, epopeya.

Praxinoscópica

Afirmar que todo movimiento es una ilusión no es menos acertado que decir que lo único ilusorio es la estática. Te veo bailar al ritmo lánguido de la expansión del cosmos y todo me sugiere artificialidad. Incluso la neurona ligada a este ojo que te ve procura enderezar tu imagen subvertida. Sin embargo, si hay algo cierto (¿lo habrá?) es la mirada. Es ella la que reúne todos los fotogramas en una sola versión de vos bailando, y es todo lo que quiero creer. El movimiento será, tal vez, ese pacto silencioso entre la mirada y todas las otras dimensiones.

Oceanic 815

Si antes de decir que el narcisismo de los hijos es el narcisismo de los padres Freud no había visto Lost, estamos fritos. Es que tal vez, como en Lost, todo se trate de narrar ininterrumpidamente buscando aplazar lo más posible el velorio de un padre.  Tal vez eso piensa Jack Shephard cuando mira al horizonte y se sabe eternamente solo, pastor de ovejas y cirujano de supervivencia. Tal vez incluso piensa, mientras se rasca el tatuaje que dice "camina entre nosotros, pero no es uno de nosotros", que la supervivencia también es una excusa obstinada en dilatar la muerte a toda costa. O tal vez solo lo intuye y no tiene palabras para nombrarlo, porque está quedándose escaso de vocablos, las temporadas han transcurrido en un abrir y cerrar de ojos y ya no hay isla ni náufragos ni osos polares. La memoria colectiva expira profundamente y el binomio padre-hijo concluye para siempre. Lost, Lieber-Abrams-Lindelof, 2004-2010.