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A medio camino del equinoccio

Lo que nunca supo Phil Connors fue que cada mañana la marmota despertaba en su mismo día loopeado. Porque lejos de tener la habilidad de pronosticar el fin del invierno, el animalejo tenía el poder de plegar el tiempo y el espacio de modo de hacerlo caber en su madriguera. Todo lo que quería era que nunca terminara su hibernación, quedar replegada en su escondrijo hasta que Dios se aburra y se muera, o hasta que los animales aprendan lo que es el suicidio. Pero cada vez que asomaba su hocico, la mínima anticipación de su sombra la obligaba a ejercer la cronomancia.  Ha llegado a mis oídos la versión de todo se trata de múltiples marmotas asomándose para ver si les fue posible devenir Nada. Pero en su corazoncito de roedor, cada una sabe que al intentarlo se desdoblan, y que en eso consiste la expansión del universo. Groundhog day, Harold Ramis, 1993

Desterritorialización

El verso, como organización espacial de las unidades de un poema, es un dispositivo geográfico-auditivo (o no lo es ni de lejos). No es un paratexto. No figura como tal en ninguna taxonomía de marcos del texto. Sin embargo, lo que esta disposición puede lograr con un texto cualquiera merece, al menos, una interpretación lúdica (para esto me hubiera convenido escribir en ingles y valerme de las ambigüedades de los términos play y game ).  Leer Deleuze-Guattari en clave de poesía. Representarlos en verso no es sino otra forma de desterritorializarlos. Un tallerismo, se diría, un entretenimiento estéril. Pero el sexo no se trata de otra cosa. Saltar  de un círculo a otro,  desplazar siempre la escena,  representarla en otra parte,  es la operación histérica  del tramposo como sujeto que responde  a la operación paranoica del déspota  instalado en su centro  de significancia  (Gilles Deleuze y Félix Guattari,...

El continuo leporino

Aira / La liebre Solo resta esperar misceláneas liebres superpuestas. Como para el políglota y naturalista Clarke, lo leporino será lo bífido, lo geminado, lo repetido. Dos reflejos enfrentados bastan para lo múltiple y así se enjendran, rizomáticas, la Aventura y la Historia. El paisaje también es signo y, parafraseando al cacique voroga, su garantía no está en su referencia a un sentido sino en el lugar que ocupa en una red. Y así cada pampa, como cada indio y cada liebre, son inmunes al rayo X de la metáfora y libres de cambiar en reduplicación continua hacia el vórtice invertido del que salieron: un horizonte legible que nos atrae irremediablemente a producir lecturas.

Ruido Blanco

(Con su permiso, Sagan) Fiel al despropósito de estar sola en el mundo, Eleanor pone toda su atención al silencio. Casi como por fuerza de su propia voluntad, resulta que hay ruido allá fuera. Como si al cerrar los ojos, comprimiendo con párpados pesados el poco mundo que la rodea, fuese capaz de dar vida en el vacío. Y eso que viaja desde el extremo cóncavo de una galaxia no es sino el mensaje de la niña que volvió la frente a las estrellas para dejar de oír el canturreo inhóspito de los sapos y los grillos. Se ha encontrado una cigarra en la nada y la ha hecho suya, como si no lo fuese (suya, digo), como si no fuese su ceño fruncido el demiurgo de toda vida extraterrestre. Contact, Robert Zemeckis, 1997 

De la bóveda sixtina

Capta mi atención. O freno o choco. Pero una desnudez vinílica reptó en los pliegues del muro de ladrillos hasta ser la descomunal ninfa urbana que ya no podré dejar de amar. Hay eso de vértigo por lo efímero. El peligro del olvido, de que el afiche y el engrudo enchastren su cuerpo con esa lascivia célibe que impone la publicidad. Y a la vez, la irrefutabilidad: lo escrito en la pared no es paisajismo, es paisaje. Rapta mi atención. Y me transporta en un enjambre de abejas (como palomas al Principito) a una ciudad de Graffiti, donde las casas son cuerpos, las puertas ojos, las ventanas bocas y toda la materia es penetrable. Como mi ninfa. Las bocinas me solicitan avanzar, admiro el trabajo de Lean Frizzera y, por un segundo (pestañear es saltar a otro mundo en un segundo), soy ciudadano de ese suburbio sintético al que sé que volveré en la otra esquina o en la otra.

El legado de Gabriel Rondau (2)

A Pablo Schipani Se llamaba Constantino Echeveste, de profesión inventor. Su último artefacto patentado (aunque artefacto es un término inadecuado) era una especie de casquito de alambre con broches sobre las orejas especialmente adecuados para sostener una gran cantidad de papeles (media resma de cada lado, por poner un ejemplo). El inventor profesional, quiero decir el que se dedica a inventar, no es en esta época una persona tan prestigiosa como pudo serlo en el siglo XIX. Puede decirse que hoy se patentan más ideas geniales que automóviles, o incluso salen más nuevos inventos que blogs. Y por supuesto que ya nadie revisa con seriedad los argumentos o los mecanismos de un invento, ni siquiera sus proyecciones prácticas. Se patenta el nombre de una idea, mientras que su contenido y funcionalidades quedan para siempre olvidadas en un sobre lacrado y en la mente hipocondríaca de su creador.  La policía encontró restos de papel y masa encefálica en los azulejos del baño. L...

Hasta los montes llegué

El espacio, últimamente, se me viene figurando como el comodín de las metáforas. Adentro, afuera, atrás y adelante no son menos que razones universales (de tan relativas) que se parecen a todo lo que se intente decir, pensar o traducir. El lenguaje mismo consiste en lugares y entramados. Incluso la razón (como la mitología) dispone en términos espaciales todos sus argumentos.  Pero de todos los lugares posibles, me quedo con los que se desdibujan en el doblez del mapa. Los recónditos y legendarios de los que ya no se puede decir con certeza de qué lado del espacio están. Como la Salamanca. Fortuna, Fama y Poder (escuchar) Peteco Carabajal (1991) Buscando la Salamanca hasta los montes llegué fui pidiendo para mí fortuna, fama y poder. La noche envolvió mi sombra antes del amanecer. Un gallo con plumas de oro cantando me abrió un portal allí dentro pude ver los pájaros despertar con sus trinos me enseñaron a sentir la libertad. Yo soy el árbol más viejo que ex...