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Elogio de lo inestable

El hombre del estuche. Él, metido en sus botas de goma. Su paraguas dentro del estuche. Su reloj adentro de una caja. Su cuchillo dentro de la vaina. Tendido en su ataúd parecía sonreír: había alcanzado su ideal. Antón Chéjov, Cuaderno de notas La inquietud, el desequilibrio, son los motores del cambio. Cada partícula anida alguna inestabilidad que la hace entrar en el juego. Por eso a veces, cuando una fuerza gravitacional me atrae hacia lo estático, hacia el orden y el estuche, recurro inmediatamente al obstáculo con el fin de tropezar. Es mi modo de devolverle al Caos el favor de la vida. Imagen: estatua del mausoleo de Rufina Cambaceres, Recoleta, Bs As.

Hincar el diente

Hnos. Marcos, Muerde Muertos (quién alimenta a quién) (Reseña para Tela de Rayon ) Hincar el diente a la última novela de los hermanos José María y Carlos Marcos sería tal vez la mejor forma de abordarla de no ser porque el papel no posee un sabor tan rico como lo que contienen sus páginas.  La figura del quiasmo, o paralelismo inverso, establece la relación epistolar de los dos personajes. Dos viejos desconocidos que, para resolver un asunto pendiente en el ocaso de sus vidas, se necesitan el uno al otro. El bibliófilo Blas Orbañeja, escribiendo desde Buenos Aires, y el periodista Jesús Figueras Irigoyen, respondiendo desde Salamanca. Cada uno es narrador a su vez y contribuye a completar la narración del otro. Por un lado, Orbañeja busca un incunable llamado Tratado del oficio de los muerde muertos y ha perdido a su familia por el riesgo al que lo llevó la búsqueda del libro. Mientras que Figueras Irigoyen está tras la pista de su hermano Ignacio, desaparecido en c...

Del agua vienes, al agua vas

Tal vez no sea tan acertado decir el arma del poeta es la palabra, cuando es su mirada lo que hace de él un sujeto extraordinario. Con ojo de pez, Pablo Schipani mira a las mujeres y les habla echando burbujas que no pueden sino elevarse al horizonte vertical. "Mujeres Sumergidas" es su mirada dirigida a esos personajes femeninos en cuya muerte está implicada alguna forma de inmersión. Desde Alfonsina Storni hasta Eva Duarte embalsamada, todas sometieron sus cuerpos al elemento más abundante del planeta, ese del que brotó la vida, sumergiéndose en un bucle que une la boca a la cola de la serpiente. El ojo del poeta asiste entonces al evento que las inmortaliza. ¿O será su mirada creadora lo que encuentra un principio en el final? Sea como sea, cuando todo es occidente, la poesía inventa lo inmortal.

Juan del Monte

Recién anocheció y estoy sentado arriba de un árbol en medio de un jardín que me es muy familiar. En el campo, cerca de la calle, el árbol es lo único que me pertenece –o por lo menos, el único lugar en el que tengo permitido estar–. El paisaje me es familiar, como si me hubiese pertenecido en el pasado, pero apenas tengo nueve o diez años y no tengo otro pasado que éste. No obstante, sé que toda esta casa y todo este campo me perteneció. O fue propiedad de otro Juan. Uno mayor que yo, uno previo, con el que estoy emparentado de alguna manera.  Se oyen ahora las voces de unos niños más o menos de mi edad. Vienen por la calle de tierra, arriando vacas u ovejas. Vacas, creo. Ignoro quiénes sean. No solía haber niños por aquí –aunque no tengo recuerdos claros–. Pero estos niños sí que conocen esa calle por la que andan. Se ríen, pero temen. Hay algo de legendario en esa casa frente a la cual están pasando con su ganado. Hay algo de mito monstruoso. Puedo sentir en el frío finísim...

Nunca sabrás del todo

No tener ni la más mínima certeza es, quizás, la fuerza motora del multiverso. Lo que no se sabe, se inventa, se imagina, se esculpe y se pone en marcha eso que seguramente produjo disparates tales como los microorganismos unicelulares o los Juan Carlos Bustriazo Ortiz. Cuesta adentrarse, la inseguridad es territorio salvaje. Cuesta despojarse de decilitros de información pegajosa, de singularidades densas. Aunque basta con cerrar y abrir los ojos, lavarse bien las orejas y atender la música, esa incertidumbre plena de goce. VIGESIMA PRIMERA PALABRA J. C. Bustriazo Ortiz (2008) / Rojo Estambul ( música ) Cómo será la cola de una bruja? Azafranada, viola, miel, canela, color durazna, de damasca prieta, poema escarlata, ciclamor de luna? Color de espiga, leche, tuna, hoguera, o de ostra de oro, de sirena intensa? Cómo será la Cola de la Bruja? Yo me pregunto, pobre Juanca. Nunca sabrás del todo porque te es tiniebla!

A la vuelta de la esquina

No es que el Rey de los Duendes sea tan tramposo, sino que todo laberinto es cambiante y todo acaba siendo laberíntico cuando uno está dispuesto a perderse.  Tal vez no se trate de encontrar la salida –que a fin de cuentas, está a la vuelta de la esquina, como el Oráculo del Sur–. Lo que cada laberinto necesita del aventurero es el poder de multiplicarse, casi equivalente a una polinización. Ni el camino, ni el caminante pueden desdoblarse por sí solos, pero puestos a enroscarse uno sobre el otro, no hacen más que reproducir infinitas versiones de sí mismos hasta agotar el espacio. Labyrinth, Jim Henson, 1986

Los narradores de la locura

Brújula silenciosa, el cuerpo de la niña insepulta guía el cortejo. Lo cuentan las voces de los animales amuchados en el arca de hierro que Salvatore Onelli puso en la vía del escape. Es que la leyenda siempre la cuentan otras voces. Los protagonistas son incapaces de encajar en el hilo de la historia, porque ya no tienen voz –y tal vez nunca la tuvieron–. Hay algo de héroe en el loco Onelli reconstruido por Leopoldo Brizuela, y todo de relato. Lo dicen las habladurías que son, sin ir más lejos, las Parcas de todos estos locos, tejiendo con lenguaje su destino inevitable de mito, poesía, epopeya.